¿Alguna vez imaginaste un lugar donde la historia, el arte y la cultura se fundieran en cada rincón? Esa fue la magia del Antico Caffè Greco, la cafetería más antigua de Roma, que después de más de 200 años, cerró sus puertas de forma definitiva.
Desde su apertura en el siglo XVIII, este emblemático café se convirtió en el refugio de grandes figuras del arte, la literatura y la nobleza. En sus paredes reposaron retratos y obras que atestiguan siglos de historia, mientras que en sus mesas se sentaron personajes como Charles Dickens, Henry James, John Keats, Orson Welles, Audrey Hepburn, Sophia Loren y hasta la princesa Diana. ¿Sabías que Buffalo Bill, el famoso pistolero del lejano Oeste, fue retratado allí en 1890 junto a sus vaqueros?
El romanticismo también formó parte de su leyenda. Giacomo Casanova mencionó en sus memorias un encuentro amoroso en este mismo café, y su sofá del fondo — hoy un ícono— fue escenario de romances que perduran en la memoria de muchos. Tomar un capuchino en una taza en la que quizá estuvo Pablo Picasso o compartir espacio con la aristocracia romanesca del siglo XIX era, para sus clientes, una experiencia que valía cada peso, incluso en tiempos en los que el café rebosaba historia y lujo.
El Antico Caffè Greco resistió guerras, cambios políticos y transformaciones sociales, consolidándose como uno de los símbolos de Roma. Sus muros, decorados con obras originales, narraron la evolución de la ciudad y la influencia de un espacio que fue mucho más que un simple café.
Pero, ¿qué llevó a su cierre? La razón central fue un conflicto por el alquiler con el Hospital Israelita de Roma, que adquirió el inmueble y elevó exorbitantemente el costo del contrato. Todo comenzó en 2017, cuando el contrato de 80 años venció y, para 2024, el hospital decidió aumentar el alquiler de 17,000 a 120,000 euros mensuales, argumentando que era el precio de la exclusiva Via dei Condotti, donde boutiques de lujo como Gucci, Versace y Dior dominan el panorama.
Para los propietarios del café, Carlo Pellegrini y Flavia Iozzi, esa cifra era inalcanzable. Pellegrini afirmó a CNN: 'Estaríamos dispuestos a pagar más para mantenerlo abierto, pero no seis veces más'. La disputa judicial que siguió duró ocho años, y tras múltiples apelaciones fallidas, en 2024 se intensificó el desenlace: el hospital obtuvo la orden para desalojar el local. La intervención policial clausuró el espacio, retirando muebles, obras de arte — valuadas en millones de euros — y retratos que ahora cuidan el Ministerio de Cultura italiano.
¿Y qué hay del futuro? El hospital asegura que los ingresos por alquiler serán destinados a mejorar la atención médica, y que el local será restaurado respetando su historia. Antonio Maria Leozappa, representante del hospital, afirmó: “Es un café histórico, uno de los primeros de Italia, que data de finales del siglo XVIII, y con una gestión nueva continuará su legado”.
Pero los amantes del Antico Caffè Greco no ven con buenos ojos su desaparición. Para ellos, no sólo pierden un simple establecimiento, sino un símbolo vivo del alma cultural de Roma. El abogado de Pellegrini, Alessandro Ciciarelli, advirtió que 'el asunto no puede cerrarse así', dejando la puerta abierta a nuevas acciones legales.
A día de hoy, en la terraza de madera del café aún cuelgan carteles, y las ventanas dejan entrever un espacio vacío, con las luces aún encendidas, como un testimonio silencioso de su historia. Los turistas se asoman, sorprendidos ante un lugar que fue mucho más que un café: fue un testimonio de la historia, del amor y del arte que todavía resuenan en las calles de Roma.