La 62ª Conferencia de Seguridad de Munich, llevada a cabo del 13 al 15 de febrero en el Hotel Bayerischer Hof, reunió a 200 representantes de 120 países y se ha consolidado como uno de los foros diplomáticos más relevantes en el ámbito geopolítico occidental, comparado con el impacto de Davos en el ámbito económico global. La presencia y el discurso de figuras como Marco Rubio, además de los cambios en la dinámica internacional, han revelado una América Latina y un mundo en transformación, con Japón, Suiza y Estados Unidos explorando nuevos enfoques sobre seguridad, inmigración y relaciones internacionales.
Rubio, quien no asistió tras su visita a Armenia y Azerbaiyán, hizo énfasis en la necesidad de una mayor participación europea en conflictos actuales, como el entre Armenia y Azerbaiyán, en un contexto donde los lazos de países como Israel con Turquía y su apoyo a Azerbaiyán reflejan el cambiante escenario geopolítico. Estos movimientos, según expertos, señalan una nueva era en la política mundial, en la que EE. UU. busca reforzar su vínculo con Europa ante la percepción de que la UE aún no ha ajustado su visión estratégica.
La conferencia también se realiza en medio de negociaciones y acercamientos, como el acuerdo sobre Groenlandia logrado por la OTAN, que desactivó tensiones previas, y en un momento clave antes de que Donald Trump convoque en Washington una primera sesión del Consejo de Paz, dirigido a promover una posible reformulación del papel de la OTAN y otros organismos internacionales.
En este contexto, la presencia de figuras como la subsecretaria de Estado para diplomacia pública, Sarah Rogers, y la participación de líderes nacionalistas en países como Hungría y Eslovaquia evidencian la complejidad de un escenario donde las alianzas tradicionales están en revisión y la influencia de EE. UU. continúa siendo decisiva.
Este escenario ha reavivado el interés en figuras como Henry Kissinger, considerado uno de los diplomáticos más influyentes de la segunda mitad del siglo XX. A pesar de su fallecimiento en noviembre de 2023, sus ideas y análisis permanecen vigentes para entender y afrontar temas como la guerra en Ucrania y la expansión de China. Kissinger mantenía una visión realista en la política internacional, sugiriendo que EE. UU. y China debían aprender a convivir para evitar un conflicto global, y que la resolución del conflicto ucraniano requeriría revisar las raíces históricas del enfrentamiento, incluyendo la desintegración de la URSS.
Kissinger abogaba por un diálogo abierto, similar al que promovió tras la anexión de Crimea en 2014, aconsejando no responder con dureza a Rusia y mantener canales diplomáticos. Según su enfoque, la guerra en Ucrania no empezó en 2022, sino en 2014, con la ocupación de Crimea y las regiones del Donbás, y que una posible solución requeriría negociaciones políticas basadas en un reconocimiento mutuo y en acuerdos previos como los de Minsk.
El diplomático también consideraba que China, con su creciente poder económico y político, sería un actor crucial en el orden mundial y que su diálogo con EE. UU. debía centrarse en gestionar la competencia sin escalar hacia una confrontación militar. A su juicio, la disuasión y la negociación, en lugar de la confrontación, eran esenciales para evitar una tercera guerra mundial.
La visión de Kissinger acerca de Rusia y Ucrania indicaba que la solución más viable pasaría por aceptar la idea de revisar las fronteras y buscar acuerdos políticos que reconozcan la realidad territorial, en línea con propuestas que consideran la revisión del fin de la URSS como un punto de partida. La negociación implicaría, según su análisis, incentivos suficientes para que Rusia renuncie a su alianza con China y busque fórmulas de coexistencia con Occidente.
Finalmente, en un escenario donde EE. UU. necesita un pensamiento estratégico a largo plazo, Kissinger habría recomendado rebajar la tensión en conflicto con Rusia y China, promoviendo una diplomacia que priorice la estabilidad, el diálogo y la búsqueda de objetivos comunes en un mundo turbulento. Su legado y análisis siguen siendo referencia clave para entender los desafíos actuales y futuros de la política internacional, especialmente en relación con la guerra en Ucrania, China y las grandes potencias emergentes.