A 26 años de la masacre de El Salado, el artista plástico Edgar Humberto Álvarez utiliza su proyecto '¿Se lo explico con plastilina?' para recrear en formato visual uno de los episodios más atroces del conflicto armado en Colombia, con el fin de mantener viva la memoria y promover la reflexión. A través de figuras de plastilina, Álvarez ilustra escenas que narran los hechos ocurridos entre el 16 y el 20 de febrero de 2000, cuando más de 450 hombres de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) ingresaron al corregimiento de El Salado, en El Carmen de Bolívar, en complicidad con altos mandos de la Armada Nacional. La agresión dejó más de 60 víctimas mortales, muchas torturadas o desaparecidas, y provocó el desplazamiento de cerca de 4,000 habitantes. El video del artista reconstruye momentos de extremo horror, como la concentración forzada en la cancha de microfútbol, los interrogatorios, la violencia sexual y las ejecuciones al ritmo de gaitas y tamboras, además del abandono de los cuerpos expuestos a la intemperie. La masacre fue parte de una estrategia paramilitar en disputa por el control territorial en los Montes de María, una región que entre 1999 y 2001 sufrió 42 masacres que dejaron 354 víctimas, según el Centro Nacional de Memoria Histórica (Cnmh). Desde 1996, las AUC reforzaron su presencia en la zona, enfrentándose a guerrillas y fuerzas estatales, y desencadenando una ola de violencia selectiva, desapariciones forzadas y despojo de tierras. La masacre de El Salado, la segunda mayor en población, evidenció el uso sistemático de terror para controlar territorios, dejando huellas indelebles en varias generaciones. El informe del Cnmh, titulado 'La masacre de El Salado: esa guerra no era nuestra', señala que 60 personas murieron en condiciones de indefensión y que toda la comunidad fue desplazada, dejando al pueblo en un estado casi fantasmagórico por años. Actualmente, solo unas 730 de las 7,000 personas que habitaban originalmente en El Salado han regresado. La tragedia expuso la vulnerabilidad de la población civil, atrapada en un conflicto que negó sus derechos y derechos humanos. La reconstrucción social y territorial ha requerido esfuerzos de memorias comunitarias y liderazgo local, promoviendo la búsqueda de justicia y verdad. Como expresó Juana Durán, estudiante del colegio Campoalegre, 'rehacer la vida en el lugar donde fue deshecha es continuar la construcción de una identidad colectiva con historia y memoria'. El proceso de retorno, iniciado entre 2002 y 2003, ha sido lento, pero simboliza la resistencia de una comunidad que lucha por recuperar sus raíces a pesar del miedo y las dificultades. La conmemoración de estos hechos busca fortalecer el respeto por la dignidad de las víctimas y promover una paz basada en la verdad y la justicia plena en Colombia, reafirmando la importancia de recordar y honrar la memoria histórica del país.