Un conductor de la línea Pesqueros fue baleado mortalmente en Santa Anita, Lima Este, durante un ataque ocurrido el sábado 7 de febrero a las 15:30 horas, en plena vía pública. La agresión, que generó pánico entre pasajeros y vecinos, ocurrió en un contexto de amenazas y extorsiones recurrentes contra transportistas en la zona.
Según reportes oficiales, el conductor Bonet Miraval Camones, de 40 años y trabajador de la empresa Transporte Pesqueros, fue alcanzado por tres disparos por parte de un atacante que corrió hacia su unidad y lo interceptó en un sector cercano al Parque N° 6 y Vía de Evitamiento, en un punto muy transitado. Tras el ataque, el agresor huyó a pie del lugar. Las autoridades creen que el crimen está vinculado a las extorsiones que afectan al sector transporte en Lima y Callao, y que dichas amenazas podrían estar vinculadas a las organizaciones criminales.
El conductor fue auxiliado por pasajeros y familiar, y trasladado de emergencia al hospital Hipólito Unanue en El Agustino, donde murió horas después pese a los esfuerzos médicos. La víctima, cuya muerte causó conmoción en la comunidad y entre sus colegas, había sido víctima de extorsiones en los meses previos. La Policía Nacional inició diligencias en la escena y revisa cámaras de vigilancia y testimonios para identificar y capturar al agresor.
Testigos relataron que el atacante se acercó de manera repentina, disparó sin mediar palabra y huyó rápidamente a pie. La zona quedó acordonada, y los peritos recolectaron indicios balísticos. Vecinos y pasajeros describieron escenas de pánico ante los disparos, y expresaron su rechazo por la inseguridad y la falta de presencia policial en una zona donde los índices delictivos son altos.
La situación ha llevado a una denuncia formal por parte de la empresa Transporte Pesqueros, que en el pasado había paralizado operaciones por amenazas similares. Además, en la misma jornada, en el Callao, una cobradora resultó herida en un ataque por parte de un falso pasajero, lo que motivó protestas y bloqueos de vías por parte de transportistas que exigen mayor seguridad. La problemática de extorsiones y violencia sigue afectando al sector, con denuncias constantes y una respuesta policial que, según las víctimas, aún resulta insuficiente.