En noviembre de 1971, en plena dictadura de Francisco Franco, el reconocido pintor Pablo Picasso, quien había decidido mantenerse en el exilio, se convirtió en blanco de un brutal ataque en Madrid debido a la exhibición de obras de la serie 'Suite Vollard' en la Galería Theo. La galería, fundada en 1966 por Elvira González y Fernando Mignoni, se destacaba por promover el arte moderno y había conseguido préstamo de 27 grabados de la célebre serie creada por Picasso entre 1930 y 1937.
El viernes 5 de noviembre, en la inauguración de la exposición, seis hombres vestidos con camisas azules, boinas y gafas oscuras irrumpieron en la galería, amenazando con navajas a la empleada Ana Escardó y al primer visitante, un hombre llamado José Ortega. Sin identificar, los atacantes lanzaron pintura roja y ácido sobre las obras, golpearon y rajaron varias de ellas en apenas cinco minutos, dejando destruida la mayoría de las 25 piezas afectadas, además de robar dos grabados.
El motivo de este atentado se relaciona con una confusión hecha por Blas Piñar, ideólogo de ultraderecha y líder de Fuerza Nueva, quien creía erróneamente que las obras expuestas eran caricaturas políticas sobre Franco, específicamente de la serie 'Sueño y mentira de Franco', famosa por abordar en clave satírica y vulgar la figura del dictador. La realidad, sin embargo, era que las obras dañadas no tenían connotaciones políticas.
Este ataque formó parte de una serie de acciones violentas de grupos ultraderechistas en contra de pinturas, librerías y galerías que celebraban el natalicio de Picasso en diferentes ciudades españolas. En Barcelona, grupos atacaron con bombas molotov la galería Taller de Picasso, causando un incendio que destruyó las instalaciones, y también atacaron con bombas incendiarias librerías con publicaciones sobre el pintor.
Los propietarios de la Galería Theo, en particular, enfrentaron grandes pérdidas. Elvira González informó que su seguro no cubrió los daños debido a cláusulas que excluían actos políticos, lo que los llevó a asumir la pérdida económicamente y a fortalecer su determinación de continuar promoviendo el arte.
Las sospechas inmediatas apuntaron a una posible complicidad de las autoridades franquistas, dado el aparente conocimiento previo y la demora en la respuesta. La Guardia Civil detuvo a los ocho responsables del ataque en menos de 48 horas, incluidos los seis asaltantes y los dos conductores de los vehículos utilizados.
El grupo autodenominado 'Los Guerrilleros de Cristo Rey' se atribuyó la responsabilidad, justificando su acción con una declaración llena de insultos y términos ofensivos contra Picasso, a quien acusaban de ser comunista, gay, y anti-español, entre otros calificativos. En respuesta a la controversia, Salvador Dalí ironizó, diciendo: 'Picasso es comunista. Yo tampoco.'
Años más tarde, los dos grabados robados serían recuperados y guardados en colecciones privadas de destacados dirigentes franquistas, quienes, aunque públicamente repudiaban a Picasso, reconocían su valor artístico y comercial, usándolo a pesar de su animadversión personal.
Este episodio refleja no solo la intolerancia política y artística en una España en transición, sino también la resistencia de quienes valoraban la cultura y el arte frente a la barbarie y la censura.