Ayuno prolongado: riesgos y beneficios para la salud hepática, según expertos

18/02/2026 05:01 | 3 min de lectura

Ayuno prolongado: riesgos y beneficios para la salud hepática, según expertos

El ayuno intermitente y otras prácticas de restricción alimentaria se han popularizado en los últimos años como métodos para perder peso o desintoxicar el organismo. Sin embargo, cuando el ayuno se extiende en el tiempo o se realiza sin supervisión médica, puede ocasionar efectos adversos en órganos como el hígado, el cual es fundamental en el metabolismo y la regulación energética del cuerpo.

El hígado cumple funciones esenciales, como procesar nutrientes, producir bilis para la digestión de grasas, almacenar glucógeno como reserva de energía y eliminar toxinas del organismo. Durante períodos cortos sin comer, el cuerpo utiliza las reservas de glucosa almacenadas en el hígado para mantener niveles adecuados de azúcar en sangre. No obstante, los ayunos prolongados que exceden la capacidad de adaptación del organismo pueden activar mecanismos metabólicos que resultan dañinos.

Uno de los principales riesgos del ayuno prolongado es la movilización excesiva de grasas desde el tejido adiposo hacia el hígado, donde normalmente estos ácidos grasos se convierten en energía. Cuando esta demanda es elevada, las células hepáticas pueden acumular grasa, favoreciendo la aparición de esteatosis hepática o hígado graso. Aunque comúnmente se asocia con obesidad y sobrepeso, también puede afectar a personas que pierden peso rápidamente o sufren de desnutrición severa, debido a alteraciones en el equilibrio metabólico y a procesos inflamatorios hepáticos.

Además, el ayuno extremo puede derivar en deficiencias de vitaminas y minerales indispensables para la función hepática. Nutrientes como la vitamina B12, el hierro y ciertos aminoácidos son clave en procesos de detoxificación y producción de proteínas en el hígado; su carencia puede disminuir la capacidad regenerativa del órgano y potenciar daños existentes.

Otros riesgos relevantes incluyen la alteración en los niveles de glucosa y cuerpos cetónicos en sangre. Cuando los depósitos de glucógeno se agotan, el cuerpo genera cuerpos cetónicos como fuente alternativa de energía. Sin embargo, en ayunos prolongados, este proceso puede desregular el metabolismo, especialmente en quienes padecen diabetes o trastornos hepáticos, aumentando el riesgo de complicaciones.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que las dietas extremadamente restrictivas, si no se monitorean por profesionales, pueden desencadenar alteraciones metabólicas. La American Liver Foundation también ha señalado que la desnutrición y la pérdida de peso acelerada afectan negativamente la salud del hígado, generando síntomas como fatiga persistente, náuseas, dolor en la parte superior derecha del abdomen, ictericia (coloración amarilla en piel y ojos) y alteraciones en análisis de laboratorio. En casos severos, estas condiciones pueden evolucionar hacia fibrosis o cirrosis hepática.

Los especialistas recomiendan que cualquier cambio radical en la alimentación sea supervisado por un profesional de la salud, especialmente en personas con antecedentes de enfermedades hepáticas, diabetes o trastornos alimenticios. La clave para un hígado saludable no es la restricción extrema, sino mantener un equilibrio nutritivo, hidratación adecuada y seguimiento médico en casos de ajustes drásticos en la dieta.

Aunque el ayuno puede tener componentes culturales o estrategias médicas específicas, su práctica prolongada sin la supervisión adecuada conlleva riesgos reales para la salud hepática. La salud del hígado depende de una alimentación equilibrada, hidratación suficiente y la orientación profesional ante cambios sustanciales en los hábitos alimenticios.

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