Un cardiólogo mexicano salvó la vida de su padre tras realizar maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP) durante 35 minutos después de sufrir un paro cardíaco en la playa, resaltando la vital importancia de los desfibriladores automáticos en la prevención de muertes súbitas. La historia, que refleja la urgencia de contar con estos dispositivos en espacios públicos, fue difundida por expertos que advierten que en México, donde cada hora fallece una persona por muerte súbita, la disponibilidad y capacitación en RCP pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
El doctor Mario Fitz Maurice, jefe del Servicio de Cardiología del Hospital Rivadavia, explicó que la aparición de los desfibriladores automáticos ha transformado las probabilidades de supervivencia: si se utilizan en los primeros cuatro minutos, las chances de sobrevivir aumentan hasta el 80%, en comparación con solo un 15% a 20% sin ellos. En México, la instalación de estos dispositivos en lugares públicos sigue siendo una prioridad, ya que, según el experto, un desfibrilador cuesta menos que un teléfono móvil y puede salvar vidas en situaciones de emergencia.
Fitz Maurice también detalló que en su labor, ha logrado salvar a más de 75 personas mediante capacitaciones en RCP, y resaltó que la estrategia para reducir las muertes súbitas incluye tanto la dotación de desfibriladores en lugares de alta concurrencia como la formación de la población en su uso correcto. Además, subrayó la necesidad de ampliar estos conocimientos en colegios, para que niños a partir de los 12 años puedan aprender a actuar en emergencias.
El relato del cardiólogo, quien además es director médico del Instituto Nacional de Arritmias (INADEA), se ve enriquecido por su experiencia personal cuando reanimó a su propio padre. La situación ocurrió en 2000, en una playa durante un feriado, cuando su padre sufrió un paro cardíaco. A pesar de haber realizado maniobras de RCP durante 35 minutos, la presencia de un desfibrilador logró revertir la situación. Este episodio fortaleció su convicción sobre la importancia de contar con estos dispositivos y conocimientos en todos los ámbitos, desde hogares hasta espacios públicos.
Fitz Maurice destacó que en México, la legislación obliga a instalar desfibriladores en lugares donde concurren más de 1,000 personas, como supermercados, gimnasios o centros de reunión, pero la realidad demuestra que aún falta mayor conciencia y regulación efectiva. También alertó sobre la percepción errónea de que solo se puede operar a un ser querido en casos de emergencia, aclarando que, en situaciones de muerte súbita, la acción rápida puede salvar vidas y que el costo de un desfibrilador es accesible.
Por último, el especialista llamó a una mayor atención en la salud cardiovascular, señalando que en México, la cardiopatía isquémica y las arritmias son las principales causas de muerte, y que la prevención mediante chequeos regulares y educación en RCP es fundamental para reducir estos indicadores. La historia del médico, que combina experiencia clínica y personal, refuerza el mensaje de que todos podemos ser héroes anónimos si aprendemos y promovemos acciones que salvan vidas.