El 20 de febrero de 1935, Caroline Mikkelsen se convirtió en la primera mujer en pisar tierra en la Antártida, un hito que cambió la historia de la exploración polar y abrió camino a la participación activa de las mujeres en estas expediciones. Originaria de Dinamarca, Mikkelsen, esposa del explorador Klarius Mikkelsen, acompañó a su esposo en una expedición a bordo del barco petrolero Thorshavn, financiada por el empresario noruego Lars Christensen, con destino a las costas de la región de Tierra de Ingrid Christensen. En un entorno de hielo extremo, temperaturas bajo cero y témpanos errantes, la expedición partió desde Ciudad del Cabo, enfrentando condiciones desafiantes en su travesía hacia el continente más inhóspito del planeta.
Tras una larga travesía, el 19 de febrero de 1935, la tripulación avistó la costa de las montañas Vestfold y, al día siguiente, Caroline descendió del barco y tocó por primera vez el suelo antártico. La escena quedó registrada en una fotografía en la que Caroline, su esposo y otros tripulantes colocaron piedras para marcar el lugar y ondearon la bandera noruega, en un acto que tuvo implicaciones diplomáticas y políticas, ya que Noruega reivindicaba la región. La expedición, además, dejó una caja con equipo de emergencia y registró las coordenadas en un acto simbólico y territorial.
La presencia de Caroline en ese acto fue fundamental para la historia, aunque en su momento su figura fue minimizada o relegada, en un contexto donde las contribuciones femeninas en la exploración científica y polar aún enfrentaban resistencia. Su hazaña quedó en la sombra de los relatos masculinos, pero con el tiempo ha sido reconocida como un acto pionero que abrió puertas para futuras científicas y exploradoras. Recién en los años 90, durante el 60 aniversario de la expedición, la periodista Diana Patterson revivió la historia de Caroline, quien falleció en 1998 en Tønsberg, Noruega.
Hoy, Caroline Mikkelsen es recordada como una figura clave en la historia de la exploración polar femenina, su acto silencioso en los hielos antárticos sirvió para demostrar que los límites son superables y que la determinación puede cambiar el curso de la historia. Su legado inspira a las nuevas generaciones de científicas, geólogas, meteorólogas y exploradoras que continúan abriendo caminos en los territorios más inhóspitos del planeta.