La demanda que enfrenta Blake Lively contra Justin Baldoni en EE.UU. pone en cuestionamiento los límites del comportamiento aceptable en el set de filmaciones, en medio del debate generado por imágenes y testimonios que involucran actitudes consideradas inapropiadas durante la producción de la película 'Romper el círculo'. La demanda, presentada en un tribunal federal de Manhattan, acusa a Baldoni y su equipo de acoso, represalias y difamación, después de que imágenes y declaraciones de las partes generaran controversia pública. La grabación de una escena íntima en la que Baldoni acaricia y besa a Lively en un bar, en un contexto de interpretación, es clave en el proceso judicial, que analiza si esas acciones constituyen acoso sexual o son parte de la actuación.
El juez Lewis Liman, en audiencia en enero, discutió sobre los límites de la improvisación y el consentimiento en el cine, señalando el impacto del movimiento #MeToo en la cultura laboral de Hollywood. La industria ha implementado protocolos como los coordinadores de intimidad y cláusulas de desnudez que buscan prevenir abusos, aunque los tribunales figuran como escenario para definir qué comportamientos califican como acoso en un entorno artístico. La controversia también expone cómo los aspectos sensuales y vulgares en producciones hollywoodenses, incluso en el contexto de representación de temas graves como la violencia doméstica, pueden ser interpretados legalmente como acoso, dependiendo del caso.
Mientras las partes no logran un acuerdo y el caso avanza hacia un posible juicio en mayo, la atención pública y mediática continúa. La demanda detalla múltiples incidentes, incluyendo comentarios considerados inapropiados por actrices y otras personas en el set. Baldoni, quien también enfrentó una demanda que fue desestimada, sostiene que las acusaciones de Lively son un intento por controlar la producción y dañar su reputación. Los abogados de ambas partes comparan el caso con precedente judicial de la década pasada, en el cual la Corte Suprema de California justificó ciertos comentarios vulgares en el trabajo como parte del proceso creativo.
El proceso judicial refleja un enfrentamiento entre percepciones culturales y el rigor legal, con expertos señalando que no toda incomodidad en un entorno laboral constituye acoso, sino que debe ser grave o recurrente. La discusión también incluye la influencia del poder en las dinámicas laborales en Hollywood y cómo las relaciones públicas juegan un papel central en la batalla legal y mediática, donde se debate quién tiene más influencia y control en la producción. La resolución del caso, que se espera en los próximos días, será un referente para las prácticas de la industria en la era post-#MeToo.