El próximo proceso electoral en Perú contará con una cédula de votación sin precedentes en tamaño y complejidad, resultado de cuatro decisiones legislativas adoptadas por el Congreso de la República. La nueva boleta obliga a los ciudadanos a marcar cinco símbolos y emitir siete votos preferenciales, sumando un total de doce marcas obligatorias, lo que podría dificultar la participación y el conteo de votos.
Este diseño excepcionalmente extenso y complicado ha sido generado por medidas específicas del legislativo. La primera fue la eliminación de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), que permitían la selección de candidatos y establecían una valla del 1.5% de votos válidos para participar, lo que había restringido el número de partidos en competencia y simplificado la boleta.
La segunda decisión fue la implementación de un sistema dual para la elección del Senado, que combina una circunscripción nacional con elecciones regionales, incluyendo la representación de peruanos en el extranjero y de Lima, aumentando así el tamaño y número de columnas en la cédula.
Asimismo, el Congreso optó por mantener la elección de representantes al Parlamento Andino mediante voto directo, a diferencia de otros países de la región, añadiendo otra columna en la boleta.
Por último, se reintrodujo el voto preferencial, mecanismo que requiere seleccionar hasta siete candidatos diferentes y que fomenta la competencia interna en los partidos, lo que contribuye a ampliar aún más la extensión de la cédula.
Expertos como el politólogo de la Pontificia Universidad Católica del Perú, Fernando Tuesta Soldevilla, señalan que estas decisiones, en su mayoría motivadas por intereses políticos inmediatos y sin un análisis profundo del impacto, complicarán la participación ciudadana y el conteo efectivo del voto. Además, advierten que la falta de previsión y planificación podría aumentar los errores, retrasar el proceso electoral y dispersar el voto, afectando la representatividad.
Tuesta destaca que, con una legislación más responsable, la cédula podría haber sido mucho más sencilla, con menos columnas y opciones, favoreciendo una mayor claridad y participación. La complejidad actual refleja una priorización de intereses políticos sobre la funcionalidad y transparencia del proceso electoral.
El diseño de la boleta electoral tendrá efectos directos en el desarrollo de los comicios del 12 de abril, siendo clave para el resultado final. La multitud de partidos y la cantidad de opciones preferenciales podrían dispersar el voto y dificultar la interpretación de la voluntad popular. Este escenario plantea la necesidad de una revisión de las normativas electorales y mecanismos de selección de candidatos que favorezcan procesos más transparentes y accesibles.
La ciudadanía enfrentará la tarea de navegar un sistema complejo, cuya dimensión y dificultad fueron promovidas por quienes buscan mantenerse en el poder, a pesar de las advertencias de especialistas y de la evidencia que señala que reformas de este tipo no favorecen la simplicidad ni la transparencia electoral.