Óscar Rosas, chef con formación internacional, dio a conocer su experiencia como víctima de una de las redes criminales más violentas en el sector del Bronx de Bogotá. En una entrevista con el programa Los Informantes, Rosas afirmó que fue obligado a preparar carne humana durante tres años en condiciones de encierro extremo. Su relato fue confirmado por autoridades y sobrevivientes tras la operación policial realizada en mayo de 2016 que desmanteló el cártel.
Antes de su trágica experiencia en el Bronx, Rosas había trabajado en prestigiosos restaurantes en Estados Unidos, Brasil, Italia y Holanda. Sin embargo, sus problemas personales, relacionados con la adicción a las drogas, lo llevaron a un estado de vulnerabilidad que aprovechó la organización Los Sayayines. A su regreso a Colombia, tras intentos fallidos de rehabilitación, perdió su patrimonio y se sumergió en el mundo del crimen para sostener su consumo de sustancias.
Su ingreso a la organización se consolidó en el barrio Santa Fe, donde aceptó tareas menores. La habilidad en la cocina que poseía llamó la atención de Los Sayayines, quienes lo reclutaron para preparar banquetes y eventos exclusivos. No obstante, su vida cambió radicalmente cuando fue capturado y encerrado en un túnel subterráneo, una antigua cañería, donde permaneció en condiciones precarias durante tres años.
Rosas relató que en su encierro le entregaron carne que, al revisar, identificó como restos humanos sin extremidades ni huesos. La amenaza de cocinar y comer esa carne fue explícita y violenta, y en varias ocasiones, su negativa resultó en golpes y amenazas de muerte, incluso de ser consumido por la organización.
El testimonio del chef revela que la carne humana formaba parte de rituales oscuros ligados a las creencias de poder y dominio dentro de Los Sayayines. También explicó que los restos humanos eran triturados y mezclados con otros ingredientes para preparar platos como la ‘sopa de manes’, un alimento que se distribuía en el sector, muchas veces sin que los consumidores conocieran su origen.
La Auditoría oficial confirmó la existencia de túneles, sitios de tortura y manipulación de restos humanos en la zona, tras la operación de 2016 que recuperó a muchas víctimas y desmanteló la estructura criminal. El operativo, en el cual participaron más de 2,500 elementos de policía, ejército y Fiscalía, permitió rescatar a niños y adultos explotados sexualmente y evidenció escenas de violencia extrema, incluyendo una jaula con un cocodrilo alimentado con restos humanos.
El escape de Rosas ocurrió luego de un intento de suicidio, cuando se cortó el cuello con una botella. Fue encontrado y atendido en una clínica, pero en un principio su testimonio fue desestimado y calificado como un delirio. Solo con investigaciones posteriores y testimonios corroborados por agentes encubiertos, su relato fue validado.
Actualmente, Óscar Rosas reside en Floridablanca, Santander, donde fundó una organización dedicada a la rehabilitación de personas con problemas de adicción. Él mismo afirmó que su experiencia en el Bronx fue una lección dura pero que ha logrado encontrar paz en su nueva vida. La historia, que en su momento fue considerada un mito, hoy se confirma como una realidad inquietante en el corazón de la capital colombiana.