¿Alguna vez te has preguntado qué pasa cuando una ciclovía no cumple su propósito? En Toluca, la reciente apertura del segundo tramo de la ciclovía en la avenida Isidro Fabela ha provocado efectos inesperados que están alterando la movilidad en la ciudad.
Desde el 6 de enero de 2026, los conductores y usuarios del transporte público en Toluca enfrentan retrasos de hasta una hora en recorridos de apenas tres kilómetros, un problema que la Cámara Nacional del Autotransporte de Pasaje y Turismo (CANAPAT) no duda en denunciar como una severa afectación vial.
Odilón López Nava, delegado estatal de CANAPAT, advierte que la situación no solo afecta a los automovilistas particulares, sino que también pone en jaque la eficiencia del transporte público. La reducción de carriles en una de las avenidas más transitadas de Toluca ha creado un cuello de botella, agravando aún más los tiempos de traslado.
Pero, ¿qué está mal con esta ciclovía? Contrario a su objetivo de promover movilidad sustentable, las calles muestran que la infraestructura no está siendo utilizada por ciclistas, sino por motociclistas y comercio ambulante. Esto genera dudas sobre la verdadera funcionalidad del proyecto y su impacto en la circulación.
El representante de CANAPAT señala que la misma ciudad cuenta con otras vialidades más adecuadas para proyectos de movilidad sustentable. Además, propone reubicar la ciclovía, aprovechando corredores paralelos a las vías del tren, una estrategia que podría proteger a los ciclistas sin afectar la circulación vehicular.
Mientras tanto, la ciudad necesita vías más fluidas y funcionales, especialmente para el transporte colectivo. Sin embargo, hasta ahora, el gobierno municipal no ha informado si considerará hacer ajustes al proyecto o si ha realizado evaluaciones oficiales sobre su impacto vial.
¿Será que esta iniciativa, pensada para un futuro más verde, está generando un caos en el presente? La verdadera pregunta es: ¿Qué pasos tomará Toluca para equilibrar movilidad sustentable y movilidad efectiva?