¿Sabías que uno de los símbolos navales más importantes de Chile durante la Guerra del Pacífico fue hundido en aguas peruanas? La historia de la goleta Virgen de la Covadonga, un relicario de la historia marítima, tuvo un final impredecible y dramático frente a la costa de Chancay.
Desde su incorporación a la Armada chilena, la Covadonga fue una pieza clave en los bloqueos estratégicos de Arica y el Callao, buscando cortar las rutas de abastecimiento y comunicación del Perú. Con su sistema de propulsión mixta y su experiencia en guerras previas, era uno de los activos militares más valiosos para Chile.
A mediados de 1880, su misión se intensificó: durante una operación dirigida por el capitán de corbeta Pablo de Ferrari, intentaban bombardear un puente ferroviario vital para las comunicaciones peruana. Sin embargo, lo que parecía una misión más, se tornó en tragedia.
Mientras se preparaban para atacar, los marinos chilenos vieron a unos 500 metros un bote pequeño, aparentemente abandonado. Pero lo que no sabían era que ese bote había sido minado por la brigada torpedera peruana, bajo el mando del teniente Decio Oyague Neyra. Los explosivos estaban camuflados para parecer una embarcación a la deriva y sin riesgos.
La trampa funcionó a la perfección. La Covadonga se acercó y ordenó izar el bote a bordo, sin sospechar que era un cebo explosivo. En ese momento, una detonación instantánea destrozó su casco, causando un daño irreparable. En pocos minutos, el trofeo naval chileno desapareció en el fondo del mar de Chancay.
La explosión cobró la vida del comandante Pablo de Ferrari y de un tercio de la tripulación. Aunque algunos lograron escapar en un bote, llegaron heridos a las costas de Ancón. Otros fueron capturados por pobladores de Chancay, y muchos murieron en la explosión o ahogados.
Pero la historia de la Covadonga no empezó en la Guerra del Pacífico. Construida en Cádiz en 1859 como “goleta a hélice”, tenía un casco de madera, propulsión mixta, 48.5 metros de eslora, 630 toneladas de desplazamiento y dos cañones de 68 libras. Primero sirvió a España, participando en la guerra hispano-sudamericana, hasta que en 1865 fue capturada por Chile en el Combate Naval de Papudo y quedó incorporada a su flota.
Durante la Guerra del Pacífico, protagonizó acciones destacadas como el Combate Naval de Abtao y el bloqueo de Arica. Para 1880, su presencia ya era símbolo de efectividad militar y también de simbolismo político para Chile.
Su hundimiento en Chancay fue una victoria estratégica para Perú, pues representó una derrota importante para Chile en un conflicto donde el control marítimo era clave. Como reconocimiento, el Congreso peruano aprobó el 6 de noviembre una ley para recuperar y restaurar la goleta Virgen de la Covadonga, declarada parte del patrimonio cultural subacuático del país.
La ley, aprobada con amplia mayoría, ordena que la recuperación se realice “en tanto su estado de conservación lo permita” y que sus restos sean protegidos por instituciones nacionales. La congresista Susel Paredes destacó la importancia de preservar la historia y fortalecer la memoria colectiva, coordinando esfuerzos entre el Ministerio de Cultura, Defensa y las autoridades locales.
Así, la historia de la Covadonga, ese símbolo de batallas y heroísmo, podría volver a la superficie para recordar que en la historia naval también hay historias de audacia, estrategia y sacrificio.