Tras años de represión y un levantamiento popular que ha dejado miles de muertos, heridos y encarcelados en Irán, la pregunta sobre cómo enfrentar políticamente al régimen islámico se vuelve cada vez más urgente. La inestabilidad interna se ha agudizado en un contexto donde Estados Unidos aumenta su presencia militar en el Golfo y Donald Trump advierte sobre la urgencia de negociar un acuerdo nuclear con Teherán.
La historia de las relaciones de Irán con Occidente refleja la complejidad de su sistema institucional. La estructura del Estado, dominada por el velayat-e faqih o tutela del jurista islámico, impide transformaciones profundas hacia una gobernanza secular o democrática, ya que esta figura concentra el poder y la autoridad suprema, siendo inalterable en su rol.
Desde 1979, las políticas estadounidenses —que incluyen sanciones, bombardeos a instalaciones nucleares y presión económica— han fracasado en cambiar la postura del régimen, que mantiene sus lemas de “Muerte a Estados Unidos” y “Muerte a Israel”. La razón principal radica en que el sistema político iraní es sui generis, compuesto por dos subsistemas en constante tensión: el Estado y el velayat-e faqih. La interacción de estos genera inestabilidad y dificulta cualquier reforma sustantiva.
Personas como Mahmoud Ahmadinejad, Mohammad Khatami, Hassan Rouhani, Ali Rafsanjani y Mir Hossain Moussavi han sido neutralizadas o destituidas, demostrando que los liderazgos internos no pueden desafiar la estructura del liderazgo supremo. La creación del velayat-e faqih responde a la necesidad de consolidar autoridad tras la caída de la monarquía en 1979, fusionando la legitimidad popular y divina en un sistema en el que el líder supremo —dotado de ambiciones globales— tiene control absoluto.
Este modelo ha sido reforzado por hitos históricos como la toma de la embajada estadounidense en Teherán en 1979, que consolidó la confrontación con Occidente y estableció la permanente postura de rechazo hacia Estados Unidos. En ese contexto, el velayat-e faqih impide cualquier acuerdo duradero con la comunidad internacional, perpetuando crisis, expansionismo y enemigos externos.
El cambio estratégico que requiere Irán y la comunidad internacional es la eliminación del velayat-e faqih. Para ello, sería necesario una nueva constitución y un proceso político que implique elecciones libres y justas, y la formación de una asamblea constituyente que establezca un Estado democrático. La oposición interna, fragmentada tras la represión, necesita unirse en una coalición que represente un arcoíris de sectores, bajo la consigna “De Pahlavi a Moussavi”.
Reza Pahlavi, exiliado y representante del legado monárquico, junto a Mir Hossein Moussavi, líder de la oposición y ex primer ministro, están llamados a unir fuerzas en una estrategia para impulsar un referéndum nacional que cambie la Constitución y facilite una transformación política real.
La participación de estos líderes en una coalición amplia daría confianza a sectores militares y civiles de que el proceso apunta a un cambio ordenado, alejando riesgos de caos social o guerra civil. Además, enviaría una señal contundente a la comunidad internacional de que Irán busca abandonar su política expansionista y cuenta con un liderazgo capaz de negociar un futuro diferente, propiciando la posibilidad de levantar sanciones y restablecer la economía del país.
Una alianza inclusiva y transversal, que respete la soberanía y el pluralismo, podría marcar el inicio de una nueva etapa para Irán, poniendo fin al dominio del velayat-e faqih y permitiendo construir un Estado democrático que garantice derechos y libertades a toda su población.