Las altas temperaturas de temporada impactan no solo la piel y el sistema circulatorio, sino también el hígado, órgano fundamental en la desintoxicación y metabolismo del cuerpo. Durante olas de calor, el organismo trabaja intensamente para regular su temperatura interna, lo que puede alterar procesos fisiológicos, incluyendo la función hepática. El hígado realiza funciones esenciales como la producción de bilis, el almacenamiento de glucógeno y la metabolización de sustancias, pero la deshidratación y el esfuerzo por enfriarse pueden reducir el flujo sanguíneo hacia este órgano, afectando su capacidad para procesar toxinas y medicamentos. La exposición prolongada al calor puede derivar en problemas severos como el golpe de calor, una emergencia que eleva la temperatura corporal por encima de los 40°C y que puede causar inflamación y daño celular en el hígado, evidenciado por alteraciones en las enzimas hepáticas. Personas con condiciones hepáticas preexistentes, como hígado graso, hepatitis o cirrosis, son particularmente vulnerables durante temporadas de altas temperaturas, ya que el esfuerzo adicional del cuerpo por mantenerse fresco puede descompensar su estado de salud. Además, el consumo de alcohol en reuniones al aire libre, frecuente en verano, incrementa la carga hepática y, junto con la deshidratación, puede intensificar el daño hepático. El uso de ciertos medicamentos metabolizados en el hígado también puede aumentar riesgos en condiciones de calor extremo, afectando la regulación de la temperatura y el equilibrio de líquidos. Para prevenir complicaciones, es imprescindible mantener una hidratación constante, bebiendo agua y bebidas con electrolitos en caso de sudoración excesiva, siempre evitando los excesos de azúcar y alcohol. Se recomienda evitar la exposición solar en las horas de mayor intensidad, entre las 11:00 y las 16:00 horas, y optar por permanecer en ambientes frescos y ventilados. Usar ropa ligera y de colores claros ayuda a controlar la temperatura corporal. Las personas con enfermedades hepáticas deben seguir estrictamente las indicaciones médicas, no modificar sus tratamientos y acudir a revisión ante síntomas como fatiga extrema, náuseas persistentes, dolor en la parte superior derecha del abdomen, ictericia o confusión. En presencia de signos de golpe de calor —temperatura elevada, piel seca, mareo, desorientación o pérdida de conciencia— se debe buscar atención médica inmediata. La rápida atención y el enfriamiento del cuerpo son clave para evitar complicaciones graves, protegiendo la salud del hígado y del organismo en general frente a las altas temperaturas.