El tráfico ilegal de animales silvestres, especialmente monos exóticos como los monos araña, ha emergido como una práctica vinculada a las actividades del crimen organizado en México, reforzando su relación con el narcotráfico y el poder. En los últimos años, imágenes y relatos sobre estos animales asociados a grupos delictivos han generado preocupación pública, destacando casos como la fotografía viral de un mono araña muerto junto a presuntos miembros de la Nueva Familia Michoacana, apodada como el “mono sicario”. Esta situación no es aislada, sino parte de un fenómeno más amplio en el que organizaciones criminales capturan, comercian y mantienen en posesión especies exóticas, tanto para usos simbólicos como por su valor como iconos de estatus.
Expertos en investigaciones periodísticas confirmaron que primates como los monos araña se han convertido en una de las mascotas exóticas más demandadas por círculos del narcotráfico, junto con felinos como tigres y otros animales silvestres. La atracción por estas especies responde a un simbolismo de poder y acceso a recursos provenientes de diversas actividades ilícitas. Sin embargo, activistas y biólogos advierten que la extracción de estos animales tiene graves repercusiones en sus poblaciones y en los ecosistemas donde habitan.
Una fundadora de un santuario ambiental, entrevistada por Milenio, explicó que los monos araña viven en estructuras sociales complejas y cumplen un papel ecológico fundamental como dispersores de semillas. La captura de una sola cría puede llevar a la muerte de toda una tropa y a la pérdida de décadas de reforestación natural. Igualmente, informes internacionales y organizaciones ambientales indican que organizaciones criminales mexicanas extienden sus operaciones de tráfico de fauna más allá del país, intercambiando especies por recursos, químicos para drogas sintéticas o productos comerciales en mercados asiáticos.
El tráfico ilegal de fauna se realiza en paralelo a otras actividades delictivas, utilizando rutas y redes que se cruzan con el narcotráfico, el tráfico de armas o la trata de personas. Sin embargo, la legislación mexicana no siempre clasifica este crimen como parte del crimen organizado, limitando las herramientas legales para investigar y perseguir estos delitos. La persistencia del tráfico de especies vulnerables afecta gravemente la biodiversidad mexicana y posiciona al país como un eje en la cadena global de comercio ilegal de animales exóticos.