Daniel Escobar Cadavid, sobrino nieto de Pablo Escobar, nació en España en diciembre de 1993, meses antes de la muerte del narcotraficante en Medellín. Hijo de Nicolás Escobar Urquijo y nieto de Roberto Escobar Gaviria, conocido como “el Osito”, mantiene viva la versión familiar de que Escobar se suicidó al ser acorralado, contraria a la versión oficial del Estado colombiano que sostiene que fue abatido por las fuerzas oficiales.
Según relatos familiares, durante sus primeros meses de vida, Escobar Cadavid enfrentó complicaciones de salud, y su madre atravesó diversas dificultades, incluyendo viajes frustrados y escasos recursos, para escapar de la guerra entre carteles en Colombia. La familia también enfrentó episodios peligrosos, como la exposición a rayos X en aeropuertos y cárceles, que supuestamente provocaron anomalías físicas en algunos miembros, como la difícil infancia de su tía, quien nació sin dedos en manos y pies.
El niño recuerda las salidas de su abuelo de la cárcel, donde veía a custodios cuidar a Roberto Escobar, mientras la familia permanecía oculta por amenazas de Los Pepes, grupo paramilitar que perseguía a los allegados de Pablo Escobar. Desde pequeño, Daniel recibió instrucciones de mantener en secreto su linaje familiar y evitar hablar de sus lujos o situaciones relacionadas con la familia, por temor a secuestros o represalias.
Durante su infancia, vivió en constante clandestinidad, en viviendas aisladas donde amagaba la desnutrición y la incertidumbre. La desconfianza hacia la sociedad y el temor a ser traicionado marcaron su carácter, limitando sus relaciones sociales, excepto con familiares cercanos. En momentos de escape, encontraba en actividades como montar en jet ski una forma de encontrar paz y normalidad.
A los 32 años, Daniel decidió romper el silencio y, junto con su hermano Nicolás Escobar Cadavid, fundó dos museos en Guatapé, Antioquia, en el espejo de agua de El Peñol. Los museos, denominados ‘La última caleta’, buscan ofrecer una narrativa distinta, no promover la cultura del crimen ni exhibir armas, sino contar la historia de los familiares y víctimas que quedaron en la sombra tras la muerte de Pablo Escobar, alejados de la polémica y el glamour asociado a la figura del capo colombiano.