Denzel Washington, uno de los actores más respetados y versátiles de Hollywood, ha compartido la filosofía que le ha permitido consolidar su carrera y superar desafíos. Según lo citado por The Economic Times, desde su juventud adoptó la frase: “Si rezas para que llueva, también tienes que lidiar con el barro. Es parte del juego”, la cual resume su enfoque ante los obstáculos y oportunidades en su vida.
A lo largo de varias décadas, Washington ha destacado en cine y teatro, recibiendo múltiples galardones incluyendo dos premios Óscar, dos Globos de Oro, dos premios Óscar de Platino, un premio Tony y nominaciones a Grammy y Emmy. En 2020, The New York Times lo nombró el mejor actor del siglo XXI, reconocimiento a su impacto en la industria.
El actor ha sido honrado con premios como el Cecil B. DeMille, el Premio AFI a toda una vida, la Palma de Oro honorífica y la Medalla Presidencial de la Libertad. Sus películas han recaudado más de 5100 millones de dólares en todo el mundo, reflejando su conexión con la audiencia y su vigencia en la taquilla internacional.
Washington ha reconocido que el éxito ha requerido enfrentarse a constantes desafíos en su vida personal y profesional. En los últimos años, tras una década sin probar alcohol, celebró su participación en "Gladiator II" a los setenta años, demostrando la importancia del compromiso con la salud y el bienestar.
Originario de Mount Vernon, en Nueva York, su infancia estuvo marcada por el trabajo de sus padres: su madre, Lynn Lowe, propietaria de un salón de belleza, y su padre, Denzel Sr., ministro pentecostal y empleado del Departamento de Agua de Nueva York. En 1983, contrajo matrimonio con Pauletta Pearson, con quien tiene cuatro hijos. Su hijo mayor, John David, sigue su legado en la actuación y fútbol americano; sus hijas y otros hijos han desarrollado caminos académicos y profesionales propios.
La historia de Washington refleja cómo los valores familiares, la disciplina y la educación han sido fundamentales en su desarrollo. Su ejemplo inspira a millones al demostrar que la grandeza no solo se mide por premios, sino por la capacidad de superar adversidades, mantenerse fiel a los principios y valorar la familia y los valores personales.