Dependencia de la inteligencia artificial reduce capacidades cognitivas y cuestiona la autonomía mental

06/02/2026 11:30 | 2 min de lectura

Dependencia de la inteligencia artificial reduce capacidades cognitivas y cuestiona la autonomía mental

La creciente integración de la inteligencia artificial (IA) en la vida diaria está transformando la forma en que las personas toman decisiones, razonaron y aprenden, advierten expertos. La delegación sistemática de tareas cognitivas a la IA, conocida como sedentarismo cognitivo, puede impactar negativamente la memoria, el razonamiento y el pensamiento crítico, además de facilitar condicionamientos en el comportamiento mediante el acceso al subconsciente.

El estudio del MIT Media Lab revela que las personas que confían massivamente en herramientas de IA generativa para redactar muestran menor activación en áreas cerebrales clave, además de olvidar y no poder explicar lo producido. La eliminación del proceso activo de búsqueda y evaluación, que normalmente refuerza el aprendizaje y el sentido de autoría, contribuye a este efecto. La ciencia describe esta tendencia como pereza metacognitiva, que afecta desde la planificación hasta el control del pensamiento.

Investigaciones, como la publicada en el British Journal of Educational Technology, evidencian que estudiantes que usan ChatGPT obtienen mejores calificaciones pero no incrementan su aprendizaje autónomo, pues reducen esfuerzos de reflexión y planificación. En paralelo, estudios sociológicos indican que cuanto más delegan en la IA, menor es su pensamiento crítico, reforzando la idea de ‘descarga cognitiva’. Esto implica que, si bien la tecnología no piensa por nosotros, induce una actitud de evitación del esfuerzo analítico necesario para evaluar información de manera independiente.

Frente a estos riesgos, expertos proponen estrategias como la ‘mejora socrática’, que consiste en revalorizar la interacción humana y potenciar el pensamiento crítico, cuestionando los patrones que la IA refuerza. En lugar de buscar respuestas cómodas o confirmatorias, es recomendable solicitar análisis más profundos, identificar contradicciones y generar preguntas que desafíen nuestras ideas preestablecidas.

Para evitar que la homogenización de opiniones y la automatización de respuestas limiten nuestra autonomía mental, se propone un uso consciente y crítico de la tecnología, promoviendo la participación activa en la construcción del conocimiento. La clave está en equilibrar la eficiencia de la IA con la reflexión propia, evitando que la dependencia convierta a los usuarios en versiones simplificadas de sí mismos, con capacidades cognitivas disminuidas y menos autonomía mental.

La profesora Anita Feridouni Solimani, experta en Tecnologías Educativas en la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), destaca que no se trata de rechazar la tecnología, sino de modificar la forma en que interactuamos con ella, promoviendo un uso que potencie el pensamiento crítico y la responsabilidad humana en el proceso de aprendizaje y decisión.

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