Los integrantes de la CNTE se preparan desde su campamento en el Zócalo para marchar y bloquear calles de la Ciudad de México, siguiendo una rutina similar a la de soldados. Desde hace 15 días, sus bloqueos en lugares clave como Paseo de la Reforma, Circuito Interior y avenida Insurgentes han provocado cierres y congestiones, afectando a los habitantes y al transporte. La mañana inicia con desayunos en sus casas de campaña, cocinados en anafres, mientras personal de limpieza del gobierno limpia las calles aledañas. Barrenderos como Gilberto, que llegó a las 05:00, recogen los residuos generados por los maestros. Los maestros se alistan en la plaza, aprovechan vendedores de alimentos y realizan actividades de higiene en lugares como República de Perú y Cuba, con baños de pago. A las 8:25, suena la campana de la Catedral para dar aviso de la movilización, y algunos docentes, tras revisión de lista y advertencias sobre el consumo de alcohol, se preparan para partir hacia las zonas de bloqueo. La protesta de ayer colapsó el tránsito en Paseo de la Reforma en un tramo desde El Caballito hasta el Circuito Interior, afectando estaciones del Metrobús y causando molestias a los automovilistas, quienes deben caminar o bajar de sus vehículos. Entrevistados expresaron frustración por la interrupción en sus labores, evidenciando el impacto de las movilizaciones en la vida cotidiana de la capital mexicana.