La economía peruana continúa exhibiendo una estabilidad macroeconómica sólida y un incremento sostenido del empleo formal, sin embargo, estos avances no son suficientes para impulsar un crecimiento potencial más dinámico ni para fortalecer de manera duradera a la clase media, advirtió un análisis presentado durante un desayuno electoral organizado por LLYC y la Universidad Privada del Norte (UPN). La reunión, realizada en Lima el pasado 5 de febrero, reunió a representantes del sector privado, academia y política económica, con el objetivo de ofrecer una visión estratégica del contexto previo a las elecciones de 2026. En ella se destacó que la inflación anual se mantiene en 1.5%, y que el empleo formal privado creció un 6.4% interanual de enero a octubre, un ritmo superior al crecimiento poblacional en edad laboral. El sector agrícola fue uno de los principales impulsores de esta expansión, al incorporar cerca de 100 mil nuevos trabajadores formales en ese período. Además, la percepción empresarial es mayoritariamente favorable, con 50 de 51 indicadores en terreno optimista, lo que refleja una recuperación de la confianza tras años de alta volatilidad política. Diego Macera señaló que la economía peruana atraviesa una fase de recuperación más sólida, con inversión privada en crecimiento de doble dígito por primera vez desde 2012. Este repunte responde en parte a la mejora en expectativas empresariales y a la reactivación de proyectos pospuestos por la incertidumbre política, a lo que se refirió como una “inversión embalsada” que comienza a destrabarse. Sin embargo, advirtió que este progreso no alcanza para cerrar las brechas estructurales del país, especialmente en productividad y capacidad de crecimiento a largo plazo. Coincidieron en que las bajas tasas de productividad y las ineficiencias en la administración pública siguen siendo obstáculos para una recuperación más inclusiva, limitando que el crecimiento económico se traduzca en bienestar sostenido, particularmente en la recuperación de la clase media a niveles previos a la pandemia. Desde esta perspectiva, la estabilidad macroeconómica es una condición necesaria, pero no suficiente, sin reformas que mejoren la eficiencia del gasto público y el funcionamiento del Estado. Otro aspecto crítico es la falta de reactivación de la inversión minera, pese a condiciones favorables en los términos de intercambio. La culminación de proyectos como Quellaveco no ha sido seguida por nuevas iniciativas de gran escala que impulsen el crecimiento, situación atribuida a problemas de confianza y obstáculos regulatorios. En el debate también se resaltó que el sector privado tiene un papel clave en esta etapa, más allá de la inversión, como actor que puede fomentar la confianza, participar en el diálogo económico y colaborar en la recuperación del país. Para el próximo ciclo político, las prioridades señaladas incluyen destrabar inversiones, reducir la burocracia, optimizar la ejecución de obra pública mediante mecanismos de participación público-privada, incentivar la formalización laboral en un mercado donde el 70% se concentra en unidades de menos de cinco empleados, avanzar hacia un servicio civil meritocrático y mantener la disciplina fiscal como base para la sostenibilidad del crecimiento.