El consumo de jugos naturales, aunque se asocia con una alimentación saludable, puede tener efectos negativos en la salud hepática si se ingiere en exceso, advierten expertos en nutrición. Aunque provienen de frutas, estos jugos contienen altas concentraciones de azúcares naturales, principalmente fructosa, que el hígado procesa principalmente.
El hígado es el órgano responsable de metabolizar la fructosa, la azúcar natural de las frutas. Cuando se consume en cantidades moderadas, esta sustancia no genera problemas, pero un consumo elevado y frecuente puede favorecer la acumulación de grasa en el hígado, lo que puede derivar en enfermedad por hígado graso no alcohólico (EHGNA).
Investigaciones señalan que beber varios vasos de jugo al día equivale a ingerir la fructosa de varias piezas de fruta en pocos minutos, pero sin la fibra que ralentiza su absorción y genera sensación de saciedad. Esta rápida llegada de azúcar obliga al hígado a trabajar más para convertir el exceso en energía o almacenarlo como grasa, aumentando el riesgo de problemas hepáticos, incluido el avance a fibrosis o cirrosis si no se controla.
Además del impacto en el hígado, el consumo excesivo de jugos puede contribuir al aumento de peso, resistencia a la insulina y alteraciones en los niveles de triglicéridos, formando parte del síndrome metabólico. Estas condiciones elevan el riesgo de enfermedades cardiovasculares y diabetes tipo 2.
Un factor importante es el tamaño de las porciones. Por ejemplo, un vaso grande de jugo de naranja puede contener el azúcar de tres o cuatro naranjas enteras, cantidad difícil de consumir en una sola comida cuando se comen las frutas enteras. Sin embargo, en formato líquido, es fácil ingerir estas cantidades sin percibir la carga calórica.
Aunque no se recomienda eliminar los jugos naturales por completo, su consumo debe mantenerse en moderación y de manera ocasional. La mejor opción es priorizar la ingesta de fruta entera, que conserva la fibra, genera mayor saciedad y permite un mejor control del consumo de azúcar.
Los expertos sugieren limitar el consumo diario a medio vaso, evitar añadir azúcares y optar por batidos que incluyan la fruta completa y verduras, que ayudan a equilibrar la carga glucémica. La clave está en mantener una dieta variada y equilibrada, priorizando siempre las frutas enteras para proteger la salud hepática a largo plazo.