El creciente malestar laboral, la insatisfacción salarial y la percepción de estancamiento profesional se consolidan como problemas persistentes en Panamá, afectando a la mitad de la fuerza de trabajo en 2025, según un informe de la consultora Konzert. Al cierre de ese año, más del 70% de los trabajadores no estaban conformes con sus empleos, evidenciando un clima marcado por desgaste emocional, falta de oportunidades de crecimiento y presión económica.
La principal causa del descontento es el rezago salarial, sumado a mayores cargas laborales, inflación elevada y pérdida del poder adquisitivo. Muchos empleados enfrentan dificultades para cubrir gastos básicos como vivienda, transporte, alimentación y educación, lo que los lleva a recurrir a empleos secundarios, endeudamiento, ventas informales o emprendimientos de subsistencia.
Además, la percepción de falta de reconocimiento profesional alimenta el desmotivación y la intención de buscar oportunidades fuera de sus empleos actuales, debilitando el vínculo entre empresas y colaboradores. Desde la visión empresarial, el 2025 fue un año de estabilidad moderada, con algunas compañías logrando mantener beneficios mediante aumentos salariales o nuevas prestaciones, pero en un contexto general de ajustes y restricciones.
El mercado laboral en Panamá refleja una alta fragmentación, con una casi igual proporción de trabajadores dependientes e independientes. El crecimiento del autoempleo, los contratos temporales y la informalidad responde en parte a la escasez de oportunidades en el sector formal, aunque con menor estabilidad y protección social.
En cuanto a modalidades de trabajo, la presencialidad continúa predominando, pese a la consolidación del teletrabajo durante la pandemia. La vuelta a esquemas tradicionales ha reactivado problemas estructurales como largos desplazamientos, altos costos de transporte y pérdida de tiempo productivo, generando mayor estrés y descontento.
La falta de flexibilidad laboral exacerba este malestar, ya que los horarios rígidos y la poca posibilidad de negociar condiciones dificultan la conciliación entre vida personal y laboral, aumentando el agotamiento y reduciendo la calidad de vida.
De cara a 2026, las expectativas de los trabajadores son de incertidumbre. Casi la mitad anticipa que el mercado laboral se mantendrá igual, mientras que un sector importante no tiene claridad sobre su futuro, reflejando una percepción de fragilidad del sistema frente a posibles shocks económicos, políticos o climáticos.
La prioridad del mercado laboral en este contexto es la seguridad mínima en el empleo, más que la búsqueda de desarrollo profesional o crecimiento de carrera. Además, existe una creciente preocupación por la capacitación, ya que muchos destacan que sus habilidades se han quedado rezagadas frente a avances tecnológicos, digitalización y nuevas demandas del mercado.
Las brechas en competencias digitales, idiomas y análisis de datos constituyen obstáculos concretos para la movilidad laboral, mientras que la falta de formación continua limita las posibilidades de acceder a mejores empleos.
A inicios de 2026, las cifras oficiales sobre desempleo e informalidad aún no se consolidan, pero todo indica que ambos indicadores empeoraron en 2025 respecto a 2024. Se estima que el desempleo superó el 10% y la informalidad rebasa el 50%, reflejando un mercado cada vez más vulnerable y con menor protección social.
Para el sector empresarial, la situación presenta desafíos clave, como cubrir vacantes especializadas y reducir el subempleo. La solución a corto plazo será impulsar programas de capacitación, reconversión laboral y actualización profesional, tanto desde las empresas como desde las políticas públicas.
Jeff Morales, gerente de Marketing de Konzert, concluyó que en 2026, la retención de talento será tan crucial como la captación, en un mercado marcado por bajo crecimiento, alta informalidad y expectativas moderadas. El éxito dependerá de la inversión en capital humano, la modernización productiva y la reducción de las brechas sociales y laborales, para evitar que el malestar se convierta en un problema estructural de largo plazo.