El 15 de febrero de 1903, en Brooklyn, Nueva York, dos ositos de felpa fueron exhibidos por primera vez en una vidriera, marcando el inicio de una historia que convertiría a los Teddy Bears en símbolos universales del consuelo y la infancia. Sin embargo, su origen tiene raíces que mezclan política, ética y un gesto de nobleza presidencial.
Todo comenzó unos meses antes, en noviembre de 1902, cuando el presidente de Estados Unidos, Theodore “Teddy” Roosevelt, participó en una caza en Mississippi. La expedición resultó en un incidente que quedó registrado en la historia: los guías acorralaron a un oso herido y atado a un árbol, pero Roosevelt, al verlo, decidió no dispararle, calificando su acción como un acto de fair play y nobleza. La escena fue compartida en una caricatura del Washington Post, donde el oso fue representado cada vez de forma más adorable, transformando su imagen de animal peligroso a una criatura amigable.
Inspirados por esta historia, unos artesanos en Estados Unidos, Morris y Rose Michtom, crearon en su kiosco en Brooklyn un osito de felpa con botones como ojos y lo denominaron "Teddy’s Bear", con autorización del propio Roosevelt, quien aceptó usar su apodo. La popularidad de estas muñecas llevó a fundar la empresa Ideal Toy Company, pionera en la creación de juguetes emblemáticos.
Simultáneamente, en Alemania, Richard Steiff, sobrino de una pionera del sector, diseñó un oso articulado inspirado en los osos reales del zoológico, que ganaría reconocimiento internacional tras su exhibición en Leipzig en 1903, y que sería denominado 'Teddy Bear' en reconocimiento a Roosevelt, aunque sin el apóstrofo.
Desde entonces, los osos de peluche han evolucionado en diseño y materiales. La tendencia fue modificando sus rasgos, ampliando sus ojos y suavizando rasgos faciales para parecerse más a bebés humanos, una transformación influida por el concepto psicológico del "esquema del bebé". Además, su materialidad cambió del mohair original a fibras sintéticas, algodón y terciopelo, favoreciendo el contacto y el abrazo.
Hoy en día, los Teddy Bears mantienen su simbolismo como objetos de apego que ofrecen seguridad, especialmente en situaciones de estrés o ansiedad en niños. Estudios recientes indican que estos muñecos actúan como objetos de transición y protección emocional.
Desde su modestísimo inicio en Brooklyn hasta convertirse en un enorme fenómeno cultural y comercial, los Teddy Bears han trascendido su función inicial para convertirse en compañeros de vida, personajes en historias como Winnie-the-Pooh y símbolos en campañas de moda y bienestar. La historia que empezó hace más de un siglo continúa vigente, mostrando que un simple gesto puede transformar la historia infantil y la cultura popular mundial.