Pasar tiempo en la playa, asociado comúnmente con descanso y bienestar, también podría tener beneficios para la salud cardiovascular, en particular para regular la presión arterial, según investigaciones recientes. Aunque no existe una cura milagrosa, diversos estudios indican que el entorno costero puede influir en la salud del corazón a través de mecanismos que reducen el estrés, mejoran la respiración y fomentan estilos de vida activos.
Uno de los principales factores identificados es la disminución del estrés psicológico. La exposición a ambientes naturales como playas y espacios azules ha sido vinculada con menores niveles de ansiedad, lo cual puede favorecer la reducción de la tensión arterial. El sonido de las olas, la amplitud del horizonte y la sensación de serenidad inducen respuestas de relajación que disminuyen hormonas relacionadas con el estrés, como el cortisol.
Además, la playa promueve la actividad física suave, como caminar por la arena, nadar o practicar deportes acuáticos, acciones que fortalecen el sistema cardiovascular y ayudan a controlar la hipertensión. Aunque estos beneficios pueden lograrse en otros entornos, el atractivo del paisaje costero puede motivar a las personas a mantener una rutina de ejercicio más constante.
Otro aspecto mencionado en estudios es la calidad del aire en las zonas costeras. La presencia de iones negativos producidos por las olas y la brisa marina podría tener efectos calmantes y favorecer una mejor oxigenación, aunque la evidencia científica sobre su impacto directo en la presión arterial todavía es limitada.
Factores ambientales, como la mayor presión atmosférica en zonas del mar y la mayor disponibilidad de oxígeno, también podrían facilitar la oxigenación de los tejidos, incluido el corazón, y, junto con la vasodilatación inducida por temperaturas más cálidas, generar una disminución temporal en la presión arterial.
Es fundamental destacar que los beneficios de unos días en la playa son temporales y no sustituyen el tratamiento médico ni la adopción de hábitos saludables constantes, como una dieta equilibrada, ejercicio regular, control del peso y medicación en casos de hipertensión.
Aunque un día en la playa puede reducir el estrés y contribuir a un mejor control de la presión arterial, los cambios sostenidos en el estilo de vida y el seguimiento médico son esenciales para mantener la salud cardiovascular a largo plazo, según concluyen expertos y estudios científicos.