¿Alguna vez imaginaste un país devastado por la corrupción y el crimen que logra levantarse con fuerza y determinación? Venezuela, después de 26 años sumida en una 'narco tiranía', está en las puertas de esa transformación. Pero no está sola en esta lucha; necesita del apoyo del mundo libre.
Desde ser una de las naciones más prósperas de América Latina, Venezuela cayó en el abismo de la pobreza, con más del 90% de sus hogares sin ingresos adecuados y un niño de cada tres con desnutrición crónica. Las cifras son escalofriantes: miles de casos de torturas, desapariciones forzadas y persecución política, con más de 1,000 presos políticos en cárceles y centros clandestinos.
Un ejemplo visible de esta tragedia es la placa en Buenos Aires, Argentina, que honra a las víctimas de protestas pacíficas desde 2014. Pero esos números son solo vidas rotas, familias destrozadas, un país que se ha vuelto una nación herida por un sistema que convirtió la violencia en política de Estado.
El 28 de julio de 2024 marcó un momento histórico: en medio de la censura, amenazas y control militar, millones de venezolanos salieron a votar. El resultado fue rotundo, con Edmundo González Urrutia elegido presidente, respaldado por una nación movilizada y unida en torno a una esperanza genuina.
En esta cruzada está María Corina Machado, perseguida y clandestina, pero reconocida internacionalmente como líder de la transición. Su visión se plasma en el Freedom Manifesto, un documento que define los pilares para reconstruir Venezuela: libertad política, derechos humanos, Estado de derecho, propiedad privada, economía de mercado, instituciones democráticas y la reintegración internacional.
Pero el régimen no aceptó el sentir del pueblo. En respuesta, desató la peor represión de décadas: detenciones masivas, torturas, desapariciones, líderes en exilio y ejecuciones extrajudiciales. Todo enmarcado en una estructura criminal que opera como un cártel transnacional, con presencia de Cuba, Rusia, Irán, y grupos como las FARC, ELN y Hezbollah.
Históricamente, las transiciones democráticas más duraderas combinan la fuerza moral de la sociedad civil con la presión internacional coordinada. Venezuela ya dio su paso: resistió, votó, se organizó y definió un camino político, con una líder legítima y un presidente elegido.
Ahora, el mundo debe actuar. No pedimos intervención militar —que nunca ha sido la solución— sino una presión diplomática, política, económica y jurídica sostenida. La coherencia democrática es la clave, pues la inestabilidad venezolana también afecta la seguridad de toda la región.
Después de décadas de oscuridad, los venezolanos estamos listos para reconstruir nuestro país. Tenemos las ganas, las capacidades y el liderazgo. Solo falta ese impulso global que una nuestra determinación con la solidaridad internacional.
Nuestro sufrimiento ha sido enorme, pero también lo ha sido nuestra resiliencia. La lucha por la democracia en Venezuela no solo es nuestra, sino una batalla por toda América Latina. ¡Es hora de que el mundo vea, apoye y actúe! Porque Venezuela merece ser libre, y con la ayuda del mundo, así será.