El proyecto para construir un puente que unirá Sicilia con Calabria, Italia, enfrenta nuevos obstáculos debido a complejidades geológicas detectadas en estudios recientes. Aunque originalmente se esperaba iniciar la construcción en 2025 tras la finalización de la fase de planificación, recientes revisiones han señalado serias riesgos sísmicos y estructurales. El Tribunal de Cuentas italiano ya rechazó en 2023 dos veces el proyecto por irregularidades y errores en la documentación que acortaban los plazos de ejecución.
El análisis actual, llevado a cabo por expertos del Instituto Nacional de Geofísica y Vulcanología (INGV), el Consejo Nacional de Investigación (CNR) y universidades, revela que la zona donde se planea el puente, de 300 kilómetros, es una de las más complejas y activas del Mediterráneo en términos sísmicos. La región se encuentra en la intersección de las placas tectónicas africana y euroasiática, cuya interacción genera una constante deformación de la corteza terrestre, además de la influencia de la subducción calabresa.
El estudio, titulado ‘Desarrollo estructural y sismogénesis en el estrecho de Messina’, expone que la actividad sísmica en la zona se concentra en capas de la corteza terrestre situadas a diferentes profundidades, entre 6 y 80 kilómetros, con fuerzas tensionales y compresivas que contribuyen a su inestabilidad. La historia geológica de la región incluye eventos catastróficos, como el terremoto y tsunami de 1908 que causaron más de 75,000 muertes.
Mario Tozzi, reconocido geólogo del CNR, comentó en redes sociales que los nuevos datos muestran que la región es aún más compleja de lo que se pensaba, con sistemas de fallas activos y complicaciones tectónicas que elevan los riesgos de una infraestructura tan ambiciosa. Además, ha llamado a realizar análisis más detallados y a profundizar en los estudios de deformación para evaluar mejor la viabilidad del proyecto.
El experto también cuestionó la lógica de continuar con la construcción del puente en una zona con alta inestabilidad sísmica, sugiriendo que los recursos deberían enfocarse en reducir riesgos como la inestabilidad hidrogeológica y fortalecer las medidas antisísmicas para evitar desastres en caso de un sismo de magnitud 7 o superior, que podría dejar en pie el puente pero causar graves daños en la región circundante.