Un estudio publicado en Science Advances muestra que las sustancias químicas en el cerebro de las abejas, específicamente la octopamina y la tiramina, ofrecen pistas sobre los procesos de aprendizaje y memoria en humanos. La investigación, realizada en el Fralin Biomedical Research Institute en Virginia Tech, en Estados Unidos, analiza cómo estos neurotransmisores permiten predecir la velocidad con la que una abeja aprende a asociar olores con recompensas. Además, los patrones químicos observados en las abejas también emergen cuando estas consolidan una memoria, sugiriendo un papel importante en los mecanismos de atención y retención de información en los insectos y, por extensión, en los seres humanos. Los científicos midieron en tiempo real los niveles de dopamina, serotonina, tiramina y octopamina en el cerebro de las abejas mientras realizaban tareas de aprendizaje, usando sensores miniaturizados en el lóbulo antenal, la zona responsable de procesar olores. La aplicación de técnicas de aprendizaje automático permitió categorizar a las abejas como aprendices rápidos, lentos o no aprendices, en función de los cambios neuroquímicos detectados antes y durante el proceso. Este método facilita comprender cómo variables como la edad, función en la colmena y estado nutricional influyen en la capacidad de aprendizaje. Los resultados abren nuevas posibilidades para estudiar cómo los humanos aprenden, especialmente en el diagnóstico tempranero de trastornos de atención y memoria. La integración de neurociencia y análisis de datos en tiempo real también puede potenciar el desarrollo de terapias personalizadas, además de mejorar la productividad de las abejas en la polinización de cultivos, beneficiando la agricultura y la seguridad alimentaria. La investigación evidencia además que los mecanismos cerebrales que regulan atención y decisión son compartidos por distintas especies, fortaleciendo nuestro entendimiento sobre el comportamiento animal y humano.