Una investigación de la Harvard T. H. Chan School of Public Health, publicada en enero de 2026 en la revista BMJ Medicine y citada por Le Monde, revela que diversificar la intensidad y tipos de actividades físicas cotidianas disminuye significativamente el riesgo de mortalidad. El estudio, una de las investigaciones más extensas en su tipo, analizó datos recopilados durante casi 30 años de dos grandes cohortes en Estados Unidos: el Nurses’ Health Study, con 70,725 mujeres, y el Health Professionals Follow-Up Study, con 40,742 hombres. Todos los participantes estaban inicialmente libres de enfermedades y reportaron sus hábitos de ejercicio cada dos o tres años, permitiendo a los científicos correlacionar los perfiles con registros de defunciones a largo plazo. Los resultados indican que cualquier actividad física regular, desde caminar hasta correr o ejercicios de fuerza, reduce el riesgo de mortalidad en un rango del 4% al 17%. Además, el estudio destaca que incluso incrementos mínimos en la actividad tienen efectos positivos en la salud. Una de las principales conclusiones es que alternar entre diferentes modalidades y niveles de intensidad, como caminar, trotar o fortalecer músculos, potencia la protección contra la muerte prematura. Por ejemplo, caminar 30 minutos diarios se asoció con una reducción del 17% en riesgo de fallecimiento anticipado. La investigación señala que no es necesario realizar esfuerzos extremos, ya que los beneficios aparecen rápidamente con pequeñas incorporaciones a la rutina. La constancia en la actividad, aunque sea de baja intensidad, mantiene sus efectos con el tiempo, siempre y cuando se eviten largos períodos de inactividad y se fomente la variedad en los ejercicios. La evidencia refuerza que cualquier modalidad, sin importar su intensidad, ayuda a prevenir enfermedades crónicas como cardiovasculares, diabetes tipo 2 y algunos tipos de cáncer, además de mejorar el bienestar general. Los expertos destacan que los beneficios se manifiestan desde las primeras sesiones, por lo cual se recomienda comenzar e implementar hábitos activos, incluso con esfuerzos moderados o sesiones cortas. La diversificación en la actividad física aumenta la adherencia y maximiza sus efectos positivos, una recomendación respaldada por décadas de monitoreo de profesionales en salud.