El vínculo entre actividad física y alimentación es uno de los pilares fundamentales para la salud integral. Aunque el ejercicio ayuda a mejorar tanto el bienestar físico como mental, especialistas coinciden en que su efecto no puede aislarse del contexto nutricional ni de los hábitos diarios.
Diversos expertos advierten sobre la creencia errónea difundida en redes sociales, que sugiere que entrenar regularmente permite descuidar la dieta sin consecuencias negativas. Sebastián Arrieta, doctor y especialista en salud, enfatiza en un video de TikTok (@doctorarrietam) que "ningún tipo de entrenamiento cardiovascular o de pesas compensa una mala alimentación". Según comparte, él mismo ha caído en la tentación de pensar que hacer ejercicio justifica comer de más, pero advierte que esto puede ser perjudicial.
Estudios en la materia refuerzan que alimentación y ejercicio deben abordarse como prácticas complementarias y no excluyentes. El cuerpo requiere nutrientes adecuados para reparar tejidos, fortalecer el sistema inmunológico y mantener un metabolismo equilibrado. Cuando existe un desbalance prolongado, la eficacia del entrenamiento disminuye, con síntomas como fatiga, bajo rendimiento y cambios en la composición corporal.
Arrieta destaca que apoyarse únicamente en el ejercicio para compensar malos hábitos alimenticios puede tener consecuencias dañinas, incluyendo aumento de grasa corporal y pérdida de masa muscular. Además, advierte que esta práctica aumenta el riesgo de lesiones, fomenta malos hábitos alimenticios, genera frustración y crea un círculo vicioso en el cual la persona abandona el deporte, convencida de que no funciona.
Los expertos en nutrición y deporte recomiendan seguir una dieta personalizada, que considere la edad, el tipo de actividad y las condiciones de salud, para maximizar los beneficios del ejercicio y minimizar los riesgos. También se aconseja evitar patrones restrictivos o compensatorios, promoviendo una relación equilibrada con la comida y el movimiento.
Para Arrieta, la presencia constante del ejercicio en la vida diaria es imprescindible y no negociable: "El deporte debe estar siempre presente". La combinación adecuada de alimentación y actividad física no solo previene problemas físicos, sino que también favorece la salud mental y refuerza la autoestima. Mantener una rutina estable, acompañada de buenos hábitos alimenticios, ayuda a regular el estado de ánimo, controlar el estrés y prevenir enfermedades crónicas.
Finalmente, la educación en estilos de vida saludables desde la niñez contribuye a desarrollar una relación positiva con el cuerpo y el bienestar general. Desmitificar conceptos falsos en redes sociales y adoptar una visión basada en información real y equilibrada acerca de la dieta y el ejercicio son clave para alcanzar objetivos sostenibles y promover un estilo de vida más saludable y duradero.