El pasado jueves 19 de febrero, el duque de York, Andrés Mountbatten-Windsor, fue detenido en su residencia de Wood Farm, en el complejo de Sandringham House, Norfolk, bajo sospechas de mal comportamiento en un cargo público y de compartir información confidencial del Gobierno británico con Jeffrey Epstein. La detención, que generó gran interés mediático, duró aproximadamente 11 horas, durante las cuales fue tratado como un sospechoso de delito común.
Según informó el diario The Sun, desde las 8:00 horas agentes policiales acudieron a su domicilio para notificarle la situación. Andrés fue permitido prepararse sin esposas, mientras uno de los oficiales permanecía en su interior. Durante el operativo, sus dos guardaespaldas privados, exmiembros de la Policía Metropolitana, estuvieron presentes en todo momento, inspeccionando muebles y cajones del inmueble bajo un amplio despliegue policial.
A las 8:54 horas, fue trasladado a la comisaría de Aylsham en una camioneta Volvo XC90 sin distintivos, escoltada por un vehículo policial y acompañado por sus custodios en otros automóviles. A su llegada, fue sometido a exámenes médicos y psicosomáticos para verificar su estado físico y mental, en presencia de un sargento supervisor, y se le practicaron pruebas estándar, como la toma de muestras de saliva, huellas dactilares y una fotografía oficial.
Durante su estancia en la comisaría, se le permitió una llamada telefónica, presumiblemente a su equipo legal, para facilitar su defensa durante la investigación. Tras aproximadamente 11 horas en custodia, Andrés fue liberado alrededor de las 19:00 horas. La prensa británica informó que, a su salida, lucía visiblemente afectado. Aunque aún no se confirma si permaneció en una celda, expertos consultados por BBC News sugieren que pudo haber sido contenido en una zona de detención con instalaciones básicas, sin trato especial debido a su condición de miembro de la realeza.
La investigación continúa en curso, mientras la atención del público y los medios de comunicación se mantienen en torno a las posibles implicaciones legales y políticas de este episodio, que vuelve a poner a la monarquía británica en el centro del debate mediático internacional.