La policía de Nueva York arrestó a George Metesky en Waterbury, Connecticut, tras 16 años de ataques con bombas que aterrorizaban la ciudad. Los agentes fueron a su casa la noche del 21 de enero de 1957, siguiendo una pista que relacionaba sus ataques con su pasado laboral en la empresa Consolidated Edison, en respuesta a su demanda por una lesión sufrida en 1931.
El imputado, de 54 años, se presentó sin resistencia y confesó saber por qué estaban allí, identificándose como el 'Mad Bomber'. Durante las acciones delictivas, que ocurrieron entre 1940 y 1956, Metesky colocó más de veinte bombas en sitios públicos como cines, estaciones de tren y bibliotecas, algunas de las cuales explotaron causando quince heridos. Los artefactos estaban construidos con tubos metálicos rellenos de pólvora doméstica y fragmentos de metal, acompañados de mensajes escritos a mano con la firma 'F.P.' (Fair Play).
El motivo del bombardeo fue una venganza contra la compañía eléctrica, ya que en 1931 Metesky sufrió un accidente laboral que le provocó lesiones y una demanda rechazada, lo que lo llevó a sentir que había sido traicionado por la empresa y el sistema judicial. Desde entonces, redactó cartas y envió bombas, acusando a Consolidated Edison de destruir su vida.
El perfil psicológico elaborado por expertos señaló que el agresor era un hombre soltero, católico, con tendencias obsesivas, plausible residente en Connecticut o en las proximidades de Nueva York. La policía logró identificarlo tras cotejar datos de archivos y recibir una carta en 1956 que hacía referencia a su problema laboral y a su lesión de 1931.
Metesky fue detenido en su hogar, donde se encontraron herramientas, tubos metálicos, pólvora y cartas similares a las que había enviado durante años. Durante el juicio, se dictaminó que sufría de paranoia delirante, por lo que fue declarado inimputable y recluido en un hospital mental hasta su liberación en 1973. Vivió en silencio hasta su muerte en 1994.
A lo largo de la investigación, las autoridades y la prensa intentaron entender el perfil del atacante, que jugó con los medios enviando cartas y dejando mensajes cifrados. La historia de Metesky evidenció las fallas en la detección temprana y dejó en evidencia el impacto del trauma laboral en su decisión de sembrar terror en la ciudad, que vivió meses bajo una constante sombra de sospecha y precaución en espacios públicos.