Hatshepsut, faraona de la dinastía XVIII que gobernó Egipto entre 1479 y 1458 a.C., desafió las normas tradicionales del imperio en una época en la que la realeza femenina tenía roles limitados. Su reinado, marcado por una sólida estabilidad política, dejó un legado arquitectónico y comercial que perdura en la historia del Antiguo Egipto.
Tras la muerte de su esposo, faraón Thutmosis II, Hatshepsut asumió inicialmente como regente de su hijastro, Thutmosis III. Sin embargo, con el apoyo de sacerdotes y altos funcionarios, logró autoproclamarse faraona, rompiendo con las limitaciones de género del poder en Egipto. Para consolidar su autoridad, adoptó una iconografía que la representaba con atributos varoniles, como barba postiza y tocado nemes, en una estrategia que, según el egiptólogo Campbell Price, era necesaria para ser vista como legítima en su papel.
Su período se caracterizó por un equilibrio entre respeto a las tradiciones y acciones innovadoras. Entre sus logros destaca la construcción del templo funerario de Deir el-Bahari en Tebas, un ejemplo impresionante de arquitectura que simbolizaba su poder y legado. Además, promovió expediciones comerciales a tierras lejanas, en especial a Punt, trayendo productos exóticos y fortaleciendo la economía y diplomacia egipcia, demostrando una visión estratégica que trascendía las fronteras del Nilo.
Contrario a la percepción de fragilidad del liderazgo femenino, Hatshepsut mantuvo control militar y proyectó fuerza mediante relieves y estatuas que la mostraban dominando a enemigos exteriores. La figura de Senenmut, su confiable funcionario con numerosos títulos, fue clave en la creación de su imagen oficial y visión de poder.
Tras su muerte, hubo esfuerzos por eliminar su legado de los registros oficiales y restaurar la tradición masculina en el trono, eliminando nombres y estatuas asociados con ella. Sin embargo, estos intentos no lograron borrar la influencia de su reinado, que probó que una mujer podía gobernar con autoridad en circunstancias excepcionales, mucho antes de Cleopatra.
El reinado de Hatshepsut significó estabilidad interna, expansión comercial y monumentalismo, consolidando su lugar en la historia del Egipto antiguo. Su figura representa una historia de ruptura, empoderamiento y transformación en una de las épocas más prósperas y singulares del país, siendo un ejemplo de liderazgo femenino que trasciende el tiempo.