El vínculo entre idioma, cultura y emociones ha sido objeto de interés en el contexto de la comunicación sentimental internacional. Según diversas encuestas y estudios, el francés, el italiano y el español son considerados los idiomas más asociados al romanticismo y la expresión afectiva, debido a su musicalidad, sonoridad y presencia en la cultura popular, incluyendo el cine, la literatura y la música. Planteas como el greenMeyBerges Institute destacan que el francés es famoso por su pronunciación suave y su tradición artística, especialmente en París, mientras que el italiano se distingue por su ritmo marcado y abundancia vocálica, factores que, según el profesor Esteban Touma, contribuyen a su percepción como una lengua atractiva para el romance. Por su parte, el español se relaciona con calidez y cercanía, reforzado por su fuerte presencia en la música y la literatura contemporáneas, según un estudio de la Universidad de Alcalá.
Investigaciones académicas, como las de Jean-Marc Dewaele en la Universidad de Londres y Aneta Pavlenko en la Temple University, analizan cómo la elección del idioma para expresar sentimientos está influenciada por factores como la edad de adquisición, la frecuencia de uso y el contexto emocional. Sus resultados sugieren que el peso emocional de una lengua está estrechamente ligado a la historia personal y cultural del hablante.
En contraste, idiomas como el alemán, el árabe, el japonés y el chino mandarín suelen ser percibidos como menos románticos. Estudios de la Universidad Antonio de Nebrija y especialistas como Anna Doquin de Saint-Preux indican que la dificultad gramatical, la sonoridad percibida como dura y las diferencias culturales contribuyen a esta percepción. Investigaciones psicofisiológicas citadas por Pavlenko y Harris demuestran que las palabras emocionales en la lengua materna evocan reacciones más intensas, mientras que en idiomas menos familiares estas respuestas se atenúan.
El alemán, en particular, es descrito como el 'Spock' de los idiomas, por su carácter racional y lógico en contraste con la pasión de las lenguas latinas. Por otro lado, el mandarín y el japonés presentan desafíos adicionales como sus sistemas de escritura y tonos, lo cual puede dificultar la conexión emocional inmediata en hablantes no nativos. La demanda creciente en plataformas de aprendizaje y cursos especializados refleja el interés en la dimensión afectiva de estos idiomas, confirmando la vigencia del francés, italiano y español como símbolos universales del amor y la emoción.
Las preferencias en el ámbito romántico varían según región, edad y experiencia personal, pero la influencia de la música, cine y literatura internacional consolida la imagen de estos idiomas como centros de la expresión sentimental. Este fenómeno se refleja en el aumento de contenido y programas enfocados en la comunicación afectiva, demostrando que, aunque las percepciones puedan variar, el francés, italiano y español continúan siendo referentes globales en la transmisión del romanticismo.