En el Día Mundial de la Epilepsia, expertos destacan cómo la incorporación de dispositivos tecnológicos y un enfoque basado en la gestión de riesgos están revolucionando el manejo clínico de esta condición en México y el mundo. Durante siglos, la epilepsia fue interpretada como un castigo divino o algo sobrenatural, generando estigma y prejuicios que aún persisten en ciertos contextos, afectando la salud mental de quienes la padecen.
Hoy, los avances en la ciencia y la tecnología permiten monitorear en tiempo real la actividad fisiológica de las personas con epilepsia a través de sensores en relojes inteligentes, celulares y cámaras conectadas. Estas herramientas generan datos que, mediante modelos predictivos, identifican ventanas de mayor riesgo de crisis, facilitando la prevención y la planificación de actividades, así como la reducción del azar y la dependencia del destino.
Este cambio paradigmático traslada la visión de la epilepsia desde un fenómeno impredecible y místico hacia una condición gestionable, donde la anticipación y la planificación son centrales. Aunque muchas personas con epilepsia estabilizada atraviesan largos períodos sin crisis, la incertidumbre sobre cuándo volverá la próxima afecta profundamente su bienestar emocional y la calidad de vida.
El uso de protocolos modernos permite, además, detectar patrones durante el sueño y en otros momentos, alertando de forma automática a familiares o profesionales en caso de episodios o riesgos elevados. Esto no busca la 'curación' en el sentido tradicional, sino ofrecer mayor autonomía, dignidad y control ante una condición que, en el pasado, fue interpretada como una fatalidad.
A diferencia de épocas en las que la epilepsia se vinculaba con causas sobrenaturales, la medicina moderna ha logrado reducir el estigma al explicarla desde un enfoque clínico y científico. Sin embargo, la percepción del riesgo y la ansiedad anticipatoria siguen generando desafíos psicológicos, como la hipervigilancia, el insomnio y la angustia, que deben ser abordados con estrategias integradas.
La predicción probabilística, aunque no infalible, permite a los pacientes adoptar un comportamiento más proactivo, planificando sus actividades y estableciendo rutinas que minimicen el impacto de los riesgos. La clave está en comprender que estos sistemas representan una ayuda complementaria, no un sustituto del diagnóstico ni del seguimiento clínico, ni un reemplazo de la medicación bajo supervisión médica.
No obstante, surgen preocupaciones sobre el uso excesivo o mal interpretado de estos datos, lo que puede generar ansiedad excesiva o una falsa sensación de seguridad. Además, existe el riesgo de que ciertos dispositivos puedan ser utilizados de forma inapropiada, limitando la autonomía o creando un control excesivo, si no se regulan adecuadamente las intervenciones familiares y médicas.
Finalmente, el avance tecnológico en la gestión de la epilepsia abre nuevas posibilidades para mejorar la calidad de vida de los pacientes, devolviéndoles autonomía y dignidad. Sin embargo, para que estos beneficios sean sostenibles, es fundamental capacitar a pacientes, familiares y personal de salud en el uso correcto de estas herramientas y en la interpretación adecuada de la información, evitando que la tecnología se convierta en una fuente de temor o dependencia excesiva.