Desde finales del siglo XIX, las generaciones sucesivas han demostrado un incremento en sus habilidades cognitivas, una tendencia que los expertos han considerado un indicador de la evolución social y educativa. Sin embargo, datos recientes informan que la Generación Z es la primera en presentar niveles de inteligencia inferiores en comparación con sus predecesores, los Millennials. Este fenómeno, respaldado por estudios globales y neurocientíficos como el Dr. Jared Cooney Horvath, se confirmó en enero de 2026 ante el Senado de Estados Unidos, señalando un retroceso en el desarrollo cognitivo que ha generado preocupación a nivel internacional.
Las investigaciones muestran que indicadores tradicionales de inteligencia, como el coeficiente intelectual (CI), memoria, comprensión lectora, habilidades matemáticas y resolución de problemas, han registrado una caída sistemática en más de 80 países, incluido Europa. En países como Noruega, Finlandia, Dinamarca, el Reino Unido, Francia y los Países Bajos, las generaciones nacidas después de 1975 presentan CI inferiores a las anteriores.
En el contexto regional, países del Cono Sur como Uruguay, Argentina y Chile muestran promedios de CI que oscilan entre 83 y 96, siendo México y Colombia los países con valores más bajos, de 87.73 y 83.13 respectivamente. La paradoja radica en que, a pesar del acceso ilimitado a información digital, la capacidad intelectual ha disminuido.
Expertos como Horvath apuntan que la introducción masiva de pantallas en las aulas desde 2010 ha contribuido a esta tendencia. La presencia constante de dispositivos como smartphones, tablets y computadoras ha desplazado la lectura profunda y el estudio reflexivo, generando una 'ilusión de conocimiento'. La interacción rápida y visual en las pantallas dificulta el procesamiento cognitivo prolongado, afectando habilidades básicas como la concentración y el análisis.
En respuesta, Dinamarca ha implementado una estrategia radical para revertir esta tendencia: en el inicio del curso 2025/2026, eliminó en las aulas el uso de smartphones, tablets y computadoras. La intención es promover métodos tradicionales, como la escritura a mano y el uso de libros físicos, que favorecen el desarrollo de capacidades cognitivas profundizadas. Los docentes en Copenhague reportan mejoras claras en la atención y concentración de los alumnos tras esta medida.
El neurocientífico Jared Horvath advierte que la tecnología, en lugar de potenciar la inteligencia, puede actuar como un sedante para la curiosidad y la capacidad analítica. La decisión de retomar prácticas educativas tradicionales plantea un reto para los próximos años: decidir entre una digitalización indiscriminada o incorporar límites que permitan el pleno desarrollo cerebral de las nuevas generaciones.
Por mucho tiempo, las autoridades educativas creyeron que tener un dispositivo por alumno resolvía la crisis, facilitaba la evaluación de docentes y justificaba la reducción de contenidos, bajo la premisa de que 'la información está en internet'. Ahora, con estos datos, surge la pregunta: ¿cómo se estudiaba antes? ¿Qué métodos empleaban nuestros abuelos y abuelas en la escuela? Revisitar estas experiencias puede ser clave para fortalecer la educación y recuperar las capacidades cognitivas perdidas, demostrando que, en ocasiones, las soluciones tradicionales son las más efectivas.