Mujeres peregrinas en la historia: desafían orígenes, estatus y roles de género en la expansión de la fe cristiana

21/02/2026 00:00 | 3 min de lectura

Mujeres peregrinas en la historia: desafían orígenes, estatus y roles de género en la expansión de la fe cristiana

Durante el declive del Imperio Romano, diversas mujeres protagonizaron auténticas odiseas religiosas que transformaron el paisaje de la devoción cristiana. Desde emperatrices hasta viudas ascéticas y exprostitutas redimidas, estas peregrinas emprendieron caminos hacia lugares sagrados, desafiando los roles tradicionales, los límites sociales y los tabúes de género, dejando un legado que ilumina la historia del monacato y la espiritualidad femenina.

Una figura emblemática es la emperatriz Elena, madre de Constantino el Grande, nacida en Bitinia hacia el año 250 y de origen humilde. Tras la conversión de su hijo en 312, Elena se embarcó en peregrinaciones a Jerusalén y Belén, buscando venerar los sitios donde, según la tradición, Jesús había vivido y muerto. Su búsqueda culminó en el descubrimiento de la Vera Cruz y en la edificación de importantes santuarios, como la Basílica del Santo Sepulcro. Su acto califica como un antecedente del turismo sagrado, y su influencia ayudó a establecer rutas religiosas que aún perduran.

Asimismo, figuras como Paula de Roma, quien en sus 40s dejó atrás la vida aristocrática y sus riquezas para dedicarse a la penitencia y la fundación de hospicios en Palestina, demostraron cómo la peregrinación podía ser una vía de transformación social y espiritual. Su labor incluyó la creación de hospitales y monasterios, además de contribuir a la traducción de la Biblia en la Vulgata.

Las Melanias, madre e hija, ejemplificaron la ascética nómada, dejando atrás privilegios familiares para unirse a comunidades de monjes en Egipto y Palestina, fomentando la consolidación de comunidades monásticas, con un fuerte énfasis en la humildad y la pobreza, y promoviendo la participación femenina en la vida religiosa.

Otras mujeres, como Silvia de Aquitania y Fabiola de Roma, aunque de diferentes contextos sociales, realizaron peregrinaciones que se caracterizaron por su devoción y su impacto litúrgico, dejando huella en las tradiciones cristianas occidentales y en la cultura religiosa de su tiempo.

En el ámbito imperial, figuras como la emperatriz Eudocia y su descendencia expandieron el fervor religioso mediante la fundación de iglesias y monasterios en Jerusalén y Constantinopla, consolidando un linaje de mujeres que con autoridad y fe, influenciaron la política y la espiritualidad de su tiempo.

Entre las historias más sorprendentes se encuentra la de María Egipcíaca, una exprostituta que, tras una revelación en Jerusalén, se retiró al desierto para vivir en completa penitencia. Su vida de ayuno y visiones la convirtió en símbolo de la redención del pecado y en una santa venerada en diferentes tradiciones ortodoxas.

Estos relatos testimonian que muchas de estas mujeres no solo peregrinaron en busca de fervor, sino que también contribuyeron a la expansión de la fe, desafiando las convenciones sociales y estableciendo una presencia femenina significativa en la historia religiosa. Su legado, hoy rescatado y valorado por estudios recientes, revela la fuerza de la mujer en la construcción de comunidades de fe y en la transformación del mundo espiritual.

En la actualidad, sus historias inspiran a cuestionar los límites del compromiso religioso y social, imaginando qué hazañas serían posibles si la fe y la valorabilidad femenina se reconquistaran sin restricciones.

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