La campaña de la selección de Escocia en la Copa del Mundo de 1978, celebrada en Argentina, es recordada por su carga de mitos, incidentes polémicos, goles emblemáticos y decepciones. A pesar de su destacado equipo, que incluía figuras internacionales como Graeme Souness, Kenny Dalglish y Archie Gemmill, la participación de los escoceses estuvo marcada por conflictos internos, condiciones adversas y resultados adversos.
Escocia logró clasificar tras vencer en tres de sus cuatro partidos en fases preliminares, enfrentándose en el Grupo 4 a Perú, Países Bajos e Irán. La delegación se concentró en Alta Gracia, cerca de Córdoba, donde, según relatos de Alan Rough, arquero titular, las condiciones fueron precarias: habitaciones sin ventanas, mala organización en la alimentación y un campo de entrenamiento en malas condiciones.
El debut ante Perú, disputado en Córdoba, terminó en derrota por 3-1 después de que Joe Jordan anotara el único gol escocés, mientras Perú demostró su mejor versión con estelares como Teófilo Cubillas. A lo largo del torneo, se viralizaron rumores sobre indisciplinas y desórdenes en la concentración, incluyendo relatos sobre consumo excesivo de alcohol, que los jugadores negaron categóricamente.
Un hecho que impactó fue el positivo en control antidopaje de Willie Johnston, quien consumió Reactivan, un estimulante prohibido en esa época, por lo que fue sancionado. Los problemas internos y el escándalo racial dañaron la moral del equipo, agravados por la mala prensa y una presión cada vez mayor.
El segundo partido, contra Irán en Córdoba, concluyó en un empate a un gol, evidenciando la crisis emocional y de concentración en el equipo. La tensión escaló de cara al último encuentro contra Países Bajos en Mendoza, donde Escocia necesitaba una victoria por tres goles para avanzar a la siguiente fase. En un partido lleno de emociones, los escoceses lograron remontar un marcador adverso y empatar 3-3 con goles de Kenny Dalglish y Archie Gemmill, el recordado gol de la 'posible clasificación'. Sin embargo, la diferencia de goles los dejó fuera de la segunda ronda.
Al regresar a Escocia, la reacción popular fue hostil, y el técnico Ally MacLeod fue despedido. MacLeod, en entrevista, admitió que muchas versiones sobre indisciplinas eran exageradas y que todo se trató de una carga mediática que afectó la moral del equipo.
Cinco décadas después, la historia de Escocia en ese Mundial sigue siendo un relato de mitos, personajes y momentos históricos, como el legendario gol de Gemmill, que aún vive en la memoria del fútbol mundial y que refleja la complejidad de aquella campaña internacional marcada por desafíos y recientes reivindicaciones de su verdadera historia.