La ingesta de omega-3 en la alimentación de los perros es esencial para mantener su bienestar, ya que estos ácidos grasos no son producidos por su organismo y deben obtenerse a través de la dieta. Su consumo regular ayuda a reducir la sequedad, irritación y picazón en la piel, además de promover un pelaje brillante y resistente.
Estos nutrientes también juegan un papel fundamental en el desarrollo cerebral y de la visión, gracias a la presencia de ácido docosahexaenoico (DHA). Además, fortalecen el sistema inmunológico, mejoran la circulación sanguínea y contribuyen a reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares.
La forma más habitual de suministrar omega-3 es mediante aceite de pescado, especialmente de salmón o sardina, disponible en líquidos o cápsulas que se pueden agregar a la alimentación del perro siguiendo las indicaciones del veterinario y del fabricante. Alternativamente, puede obtenerse de ingredientes vegetales como semillas de lino, chía o soja, e incluirse en el pienso, o mediante alimentos comerciales enriquecidos con omega-3, siempre revisando el contenido del etiquetado.
La dosis recomendada varía según el tamaño y peso del animal. Desde Patitas&Co, señalan que las principales formas de omega-3 son el ácido eicosapentaenoico (EPA) y el DHA, con dosis sugeridas de aproximadamente 40 mg/kg de EPA y 25 mg/kg de DHA al día.
Incluir omega-3 en la dieta del perro ofrece beneficios sustanciales, desde mejorar la salud del pelaje hasta fortalecer su sistema inmunológico. Sin embargo, una deficiencia puede manifestarse en picores, fatiga, molestias articulares, pelos ásperos y piel seca o escamosa. Ante síntomas sospechosos, se recomienda consultar al veterinario para determinar si la causa es la falta de omega-3 u otra condición.
Para los animales con deficiencia, los especialistas sugieren un período mínimo de un mes de suplementación para evaluar los efectos. Además, la ingesta de omega-3 resulta más efectiva cuando se combina con omega-6, otro tipo de ácidos grasos esenciales, en una proporción equilibrada. Este balance optimiza aspectos clave como la salud cutánea, el brillo del pelaje y la función inmunitaria.
Una dieta balanceada en omega-3 y omega-6, supervisada por un veterinario, puede contribuir significativamente a la salud integral de los perros, promoviendo su bienestar general.