¿Sabías que en el municipio de Chimalhuacán, Estado de México, los robos a purificadoras de agua se han convertido en una tendencia alarmante? La ola de delitos ha dejado en evidencia la nula vigilancia y la falta de presencia policial en horarios nocturnos. En el barrio de Acuitlapilco, cámaras de seguridad capturaron a tres personas —dos jóvenes y una mujer— dañando y robando componentes de un sistema de purificación que abastecía a decenas de familias.
Las imágenes muestran claramente cómo manipulan, vandalizan y se llevan partes clave, dejando inutilizable el equipo que provee agua potable a comunidades enteras. Pero, ¿esto es un evento aislado? Ni mucho menos. Vecinos y comerciantes han reportado que varios negocios similares han sido afectados en las últimas semanas sin que las autoridades hayan logrado detener a los responsables.
Chimalhuacán, con una población de 705,193 habitantes según el Censo del INEGI 2020, vive una sensación de inseguridad que supera el promedio nacional, según la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU). Este contexto genera preocupación, pues el impacto no solo es económico para los pequeños comerciantes, sino que también afecta directamente a las familias que dependen de estos sistemas para tener acceso al agua potable a bajo costo.
Los habitantes de Acuitlapilco han expresado su frustración: a pesar de reportar constantemente estos incidentes, las patrullas son casi inexistentes por la noche. “Solo nos dicen que denunciemos, pero nunca pasa nada”, señalan afectados. En este escenario, llaman a la comunidad a unirse y apoyar en la identificación de los responsables, además de presentar denuncias formales ante el Ministerio Público.
Expertos en seguridad recomiendan que los afectados documenten cada robo —horarios, modus operandi y características físicas— para fortalecer las investigaciones. ¿Será suficiente esta denuncia ciudadana para frenar la ola de robos y devolver la tranquilidad a Acuitlapilco y toda Chimalhuacán?