¿Alguna vez te has imaginado qué tan fuerte puede ser la frustración cuando la vida diaria gira en torno a la escasez de agua? En Chimalhuacán, Edomex, esa realidad se ha convertido en una pesadilla cotidiana para miles de habitantes.
Desde hace meses, residentes de la colonia Luis Córdova Reyes, en sus primeras, segundas y terceras secciones, enfrentan un problema que solo parece empeorar: la falta de un suministro regular de agua en sus hogares. ¿Qué pasa con las pipas que envían? Muchas veces ni siquiera llegan, y las que sí lo hacen no dejan suficiente para cubrir las necesidades básicas.
Pese a los reportes constantes, las autoridades de ODAPAS parecen no tener respuestas claras. No hay fechas definitivas para solucionar esta crisis, y esto ha provocado enfrentamientos entre vecinos y personal del organismo. La impotencia se refleja en las calles, donde algunas comunidades reciben agua en las madrugadas, y otras llevan más de 15 días sin una sola gota.
Según datos de la Comisión Nacional del Agua (Conagua) y del Instituto Mexicano de Tecnología del Agua (IMTA), Chimalhuacán enfrenta serios problemas de presión, bombeo y distribución, compitiendo con municipios como Nezahualcóyotl, Los Reyes–La Paz y Valle de Chalco.
¿Y qué dicen los propios habitantes? Muchos denuncian listas de espera irregulares para recibir agua, cobros indebidos por pipas privadas —que oscilan entre 150 y 300 pesos— y una preocupante falta de supervisión municipal. La realidad es que muchas calles reciben agua solo en horarios nocturnos, mientras otras permanecen completamente sin ella.
El costo de esta escasez también afecta el bolsillo: las familias deben gastar sumas que no todos pueden pagar, poniendo en riesgo su higiene y la salud. La falta de agua ha provocado la suspensión de actividades escolares, problemas en la higiene personal y alimentaria, y un aumento en el riesgo de enfermedades gastrointestinales.
¿Hasta cuándo aguantará esta crisis? La indignación crece, y con ella, la esperanza de que las autoridades eminentes tomen medidas reales para resolver una problemática que, en realidad, es una cuestión de derechos básicos humanitarios.