¿Te imaginas ver a la máxima autoridad de un municipio en medio de una crisis profunda disfrutando en tiendas de lujo? Eso fue exactamente lo que ocurrió con Juana Elizabeth Díaz Peñaloza, alcaldesa de El Oro en Estado de México. Mientras sus habitantes enfrentan emergencias por fallas en servicios básicos y un colapso administrativo, ella fue captada este viernes en pleno centro comercial Town Square de Metepec, disfrutando de unas compras opulentas.
Este contraste impactó a la opinión pública local y nacional. Por un lado, comunidades enteras protestan frente a la alcaldía exigiendo su renuncia, denunciando que la gestión pública en El Oro está paralizada, con fallas en agua, alumbrado y seguridad. Por otro, Díaz Peñaloza se muestra en un espacio de lujo, evidenciando un desacople total con la realidad que viven sus gobernados.
Pero la situación va más allá del simple desembolso en tiendas exclusivas. El propio tesorero municipal, Carlos Felipe Sánchez Florentino, ha presentado una denuncia penal contra ella, acusándola del presunto secuestro de las cuentas bancarias del Ayuntamiento y del manejo ilícito de los recursos públicos, sin los controles legales adecuados. ¿Qué está pasando con la transparencia y legalidad en esa administración?
Además, los empleados del Ayuntamiento también están en el foco del descontento. Han denunciado despidos arbitrarios, uso excesivo de la fuerza pública para impedirles acceder a sus centros de trabajo y una serie de irregularidades queminan la confianza en la gestión.
Lo más sorprendente y polémico es que, en medio de esta crisis, la alcaldesa fue captada en momentos en que parece recibir sobornos en un templo, lo cual pone en duda sus declaraciones sobre honestidad y ética.
Los manifestantes, que han acudido a la plaza principal de El Oro, acusaron a Díaz Peñaloza de traicionar los principios de la Cuarta Transformación. Mientras ella predica austeridad, su vida personal y gastos parecen reflejar todo lo contrario: camionetas de lujo, con costos que superan el millón y medio de pesos, financiadas con recursos públicos, según denuncian.
La parálisis en la gestión ha provocado que diversos sectores de la sociedad civil y algunos miembros del Cabildo adviertan sobre el grave estado de abandono en que se encuentra El Oro. La imagen de la alcaldesa paseando por tiendas caras, mientras su pueblo clama por atención y soluciones, refuerza una narrativa de desconexión total y falta de sensibilidad social.
¿Hasta cuándo podrá mantenerse esta situación? La crisis de El Oro sigue en aumento, dejando un panorama de incertidumbre jurídica y abandono institucional, sin que parezca haber una solución inmediata con la actual administración en el poder.