¿Por qué Lerma sufrió una inundación que podría haberse evitado? La verdad oculta tras años de negligencia

10/01/2026 22:30 | 1 min de lectura

¿Por qué Lerma sufrió una inundación que podría haberse evitado? La verdad oculta tras años de negligencia

¿Alguna vez te has preguntado si una inundación inevitable realmente lo es? En Lerma, Estado de México, la tragedia en Santa Cruz Chignahuapan no fue un accidente natural, sino el resultado más oscuro de años de abandono institucional.

La comunidad fue golpeada por un desastre que, según reportes preliminares, pudo haberse evitado. La causa principal: la falta de mantenimiento en colectores pluviales y canales de riego, sumada a una gestión negligente y a la acumulación de basura y azolve, que deterioraron por completo la infraestructura de drenaje.

Las lluvias, que superaron los promedios históricos debido a fenómenos climáticos extremos, terminaron por colapsar lo que ya estaba al borde del colapso. ¿Y qué hicieron las autoridades? Solo lograron desalojar el 20 por ciento del agua acumulada, dejando a decenas de familias atrapadas entre lodo y humedad, sin ayudas inmediatas ni soluciones claras.

Los vecinos culpan a la falta de acción preventiva: ‘Los canales estaban tapados, lo reportamos, pero no hicieron nada’, dicen. La espera cansa, y muchos ven cómo sus casas siguen inhabitables, con muebles, electrodomésticos y documentos arruinados, mientras las autoridades solo aparecen en temporada de lluvias cuando ya es demasiado tarde.

Por si fuera poco, el problema no solo es la lluvia; la Secretaría de Salud alerta sobre el aumento en riesgos de infecciones, enfermedades respiratorias y proliferación de mosquitos que afectan principalmente a niños y adultos mayores.

Expertos y el Atlas Nacional de Riesgos advierten: la causa no es el agua, sino el ‘azolve institucional’, ese silencio y esas omisiones que permiten que estas tragedias se repitan año con año en municipios como Lerma.

¿Hasta cuándo seguiremos enfrentando estas calamidades? La comunidad exige acciones reales: mantenimiento constante, obras de infraestructura efectivas y una responsabilidad política que priorice la prevención antes que la emergencia.

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