¿Alguna vez te has preguntado qué simboliza esa tradición de encender toritos de pirotecnia en las calles del Estado de México al despedir el año? La respuesta es mucho más que un simple espectáculo de luces y sonido.
A orillas de la carretera Toluca–Naucalpan, en el tramo conocido como La Herradura, la señora Maribel Castañeda mantiene viva una costumbre que pasa de generación en generación: la elaboración y venta de toritos de fin de año. Para ella y muchas familias, estos artefactos no son solo pirotecnia; representan un símbolo de despedida, esperanza y renovación.
Cada 31 de diciembre, estos toritos, hechos principalmente de carrizo o madera y adornados con cohetes, luces y fuegos artificiales, toman protagonismo en las celebraciones. Cuando alguien los enciende, suele cargarlo y hacerlo correr, llenando el ambiente de estruendo, música y emoción. Pero, ¿qué significa realmente este ritual?
El torito simboliza la quema de lo negativo del pasado, la despedida de las dificultades y la bienvenida a un año lleno de prosperidad, abundancia y protección. En su figura se evidencian valores profundamente arraigados en la cultura agrícola y comunitaria del Estado de México, que celebra con entusiasmo y tradición esta costumbre milenaria.
A pesar de su belleza y significado, las autoridades resaltan los riesgos asociados con el uso de estos toritos: quemaduras, incendios o accidentes. Por ello, existen regulaciones estrictas sobre horarios y zonas permitidas para su uso. Sin embargo, para muchas familias, el ritual sigue siendo una expresión irremplazable de su identidad cultural.
Así, entre chispas, luces y estruendos, los toritos vuelven a correr en el Estado de México en la última noche del año, recordándonos que esta tradición —más allá de la pirotecnia— es un acto de resistencia cultural y una esperanza compartida para recibir el nuevo ciclo con fuerza y fe.