¿Alguna vez has pensado que la valentía de unos pocos puede revelar las fallas más profundas en la seguridad de una comunidad? Chimalhuacán, Estado de México, vive un ejemplo contundente.
El 30 de diciembre de 2025, un presunto delincuente entró a un establecimiento y logró sustraer dinero en efectivo del área de cajas, pese a la ausencia de presencia policial en ese momento.
¿Y qué hicieron los empleados? En un acto de coraje y rápida reacción, un trabajador enfrentó al ladrón y, junto con otros empleados, lograron someterlo. ¿La clave? La intervención de los ciudadanos, que impidió que el delito se consumara por completo.
Tras la captura, el individuo fue entregado a las autoridades de la Fiscalía General de Justicia del Estado de México (FGJEM), que inició la investigación para determinar su situación jurídica. Pero aquí surge la gran pregunta: si la policía no llegó a tiempo, ¿qué pasa con la seguridad oficial?
Testigos expresaron que no hubo respuesta inmediata por parte de la policía municipal, lo que obligó a los trabajadores a defenderse por su cuenta, poniendo en riesgo su integridad física. ¿Qué significa esto? La falta de una vigilancia efectiva obliga a los ciudadanos a actuar por cuenta propia, una realidad que preocupa a todos.
Este suceso reaviva las críticas contra la estrategia de seguridad de Xóchitl Flores Jiménez, presidenta de Chimalhuacán, donde vecinos y comerciantes consideran que los resultados son insuficientes. La sensación generalizada es que la falta de presencia policial y acciones preventivas reales deja a la comunidad vulnerable.
¿El mensaje? La rutina de confiar en la autoridad para protegernos está fallando. La comunidad exige más presencia policial y acciones concretas para evitar que hechos como estos se repitan. Mientras tanto, los propios vecinos siguen en la primera línea de defensa, demostrando que, ante la inseguridad, no quiebran, sino que luchan por un cambio.