¿Qué sucede cuando una autoridad local desaparece del mapa y luego regresa en medio de una gran tensión social? La alcaldesa de El Oro, Juana Elizabeth Díaz Peñaloza, lo vivió en carne propia el pasado 20 de noviembre, cuando reapareció en el desfile cívico militar con un despliegue de seguridad que sorprendió a todos.
Después de varias semanas en el anonimato y con un marcado temor a las protestas, Díaz Peñaloza decidió acudir al evento acompañada de un fuerte dispositivo de protección. En lugar de encabezar el desfile, envió a sus colaboradores para que dieran cuentas de los participantes, mientras ella caminaba entre vigilancia, custodiada por funcionarios municipales, regidores y agentes de la policía estatal.
El miedo a un acto de linchamiento o rechiflas fue evidente. La presencia de miembros de la Secretaría de Seguridad del Estado de México (SSEM) y de personal de logística, que usaban radios y equipo de comunicación para mantener todo bajo control, confirmaba la tensión en el ambiente.
Pero, ¿por qué tanto despliegue? La historia reciente de la alcalde en El Oro está marcada por una grave crisis. Desde el 4 de noviembre, Díaz Peñaloza enfrenta un proceso formal de destitución impulsado por un grupo de regidores encabezados por el síndico Ubaldo Velázquez Piedra, quienes acudieron al Congreso mexiquense para solicitar su remoción.
La situación se agravó al día siguiente, 5 de noviembre, cuando los habitantes, hartos del pésimo desempeño municipal, protagonizaron una protesta extrema. Un grupo de pobladores tomó y ató a varios funcionarios, obligándolos a barrer y recoger basura en plena vía pública. ¿Qué pasará después? La tensión en El Oro refleja un descontento profundo que amenaza con seguir escalando, poniendo en entredicho la estabilidad política y social del municipio.