¿Te imaginas una tradición navideña que combina historia, cultura y fe en una sola figura? La piñata, ese símbolo colorido que inunda nuestras fiestas, tiene un origen fascinante que muchos desconocen.
La historia de la piñata comienza en China, donde durante el Año Nuevo chino se elaboraban y rompían figuras de animales. Se cree que Marco Polo llevó esta tradición a Europa tras sus viajes, y en España e Italia evolucionó como una práctica religiosa.
Pero fue en México, en el Estado de México, donde la piñata adquirió su forma definitiva. Todo ocurrió en Acolman, alrededor de 1587, gracias a los frailes agustinos que consiguieron un permiso papal para organizar las 'Misas de Aguinaldo'. En esas celebraciones nació la primera piñata tal como la conocemos hoy.
¿Quieres saber qué simboliza cada elemento de la piñata? Los siete picos representan los pecados capitales: soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza. La venda en los ojos simboliza la fe ciega que vence al mal, mientras que el palo representa la virtud que rompe con el pecado. Los dulces y frutas en su interior simbolizan las recompensas espirituales tras vencer las tentaciones.
¿Sabías que originalmente las piñatas estaban hechas con ollas de barro? Con los siglos, los materiales evolucionaron: ahora se usan cartón, papel maché y otros ligeros, permitiendo una variedad enorme de diseños, desde animales y personajes hasta figuras de comida y cómics.
México produce más de 30 millones de piñatas al año, y Acolman destaca como uno de los comunidades más importantes en su elaboración. Desde 1985, la Feria de la Piñata en Acolman recibe cada año entre 40 y 50 mil visitantes, siendo un motor clave para la economía local.
Hoy, la piñata no solo adorna nuestras celebraciones decembrinas; es un símbolo cultural mexicano que nació en Acolman, tierra que vio nacer una tradición que conquistó al mundo y que hoy seguimos celebrando con orgullo.