¿Alguna vez te has preguntado cómo es posible que alguien con historial de violencia pueda seguir libre y después cometer crímenes tan atroces? La historia de Erik Antonio N., el multihomicida de Cuautitlán Izcalli, te dejará sin palabras.
Este hombre, responsable de asesinar a sangre fría a su suegra María Teresa, de 52 años, y a su esposa Cindy, de 25, ya tenía un pasado oscuro. En la Fiscalía General de Justicia del Estado de México (FGJEM), existía una carpeta de investigación por violencia familiar en su contra.
Todo comenzó cuando familiares de Cindy denunciaron que Erik Antonio, en un arranque de ira, fracturó el fémur de su hijastro Damián, entonces de solo 6 años. Alicia, la madre del menor, había presentado una denuncia formal contra él. Sin embargo, a pesar de este hecho grave, la Fiscalía decidió archivar la denuncia bajo la justificación de que había sido un accidente.
¿Y qué pasaba con la víctima en ese momento? Ella acocuyó a buscar ayuda, pero fue negada por las autoridades, quienes en su momento consideraron que la situación pudo haberse evitado. La negligencia y la falta de protección permitieron que Erik permaneciera en libertad.
Ahora, las autoridades confirman que Erik Antonio N. está prófugo y es señalado por el doble feminicidio. La Fiscalía del Estado de México ha lanzado un operativo para su captura y pide a la ciudadanía que aporte cualquier información que pueda ayudar a localizarlo.
Este caso vuelve a poner en evidencia la persistente problemática de la violencia familiar y la grave urgencia de implementar medidas de protección más efectivas para víctimas y menores en riesgo. La historia de Erik y su trágico accionar nos recuerda la importancia de reforzar los sistemas de justicia y protección en nuestra comunidad.