Sebastián La Rosa, especialista en longevidad, afirma que los hábitos determinan el comportamiento nocturno, no la genética

16/02/2026 22:01 | 2 min de lectura

Sebastián La Rosa, especialista en longevidad, afirma que los hábitos determinan el comportamiento nocturno, no la genética

El ciclo circadiano, conocido como el reloj biológico, regula funciones vitales como el sueño, la vigilia y la secreción hormonal, influyendo en los niveles de energía y somnolencia durante el día. Sin embargo, persisten dudas en la sociedad sobre si estas preferencias horarias son producto de la genética o de los hábitos. El médico experto Sebastián La Rosa explica que la mayoría de las personas que son nocturnas han desarrollado ese patrón por malos hábitos, y no por determinación genética.

La Rosa basa su postura en investigaciones recientes que señalan cómo factores como la exposición a luz artificial, el uso excesivo de pantallas y horarios irregulares de descanso pueden modificar los patrones de sueño. El contexto moderno, con jornadas laborales extensas y el acceso constante a dispositivos electrónicos, favorece el desarrollo de hábitos que alteran el ritmo natural del organismo.

En cuanto a las diferencias entre cronotipos, La Rosa reconoce la existencia de términos como “lechuzas” y “alondras”, que describen a las personas nocturnas o matutinas, respectivamente. Sin embargo, aclara que estas variaciones no son tan marcadas como muchas personas piensan. También señala que no sería saludable que alguien que se acuesta a las 2 de la mañana y se levanta a las 10:30 tenga un patrón efectivo, ya que el cuerpo humano está diseñado para responder a los ciclos de luz y oscuridad.

El especialista destaca que el comportamiento diario, como mantenerse despierto hasta tarde de manera habitual, puede consolidar el reloj biológico en esa dirección, pero estas diferencias no alcanzan extremos que sean beneficiosos para la salud. La influencia del entorno y las decisiones personales son claves para modificar los hábitos y regular el ritmo circadiano.

La Rosa precisa que, aunque las características individuales varían, no existen diferencias radicales. Resalta que no todos somos iguales, pero tampoco sumamente diferentes, por lo que los hábitos son fundamentales en la regulación del reloj interno. Enfatiza que la genética establece ciertos parámetros, pero que mediante cambios en la rutina —como horarios regulares para dormir, reducir la exposición a luz artificial en la noche y priorizar el descanso— es posible restablecer un equilibrio saludable.

Finalmente, invita a reflexionar sobre la importancia de ajustar los comportamientos cotidianos para alinear el ritmo biológico con las necesidades del día a día, reconociendo los límites que impone la biología y el impacto que tienen las decisiones personales en la salud a largo plazo.

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