El próximo miércoles 18 de febrero de 2026, a las 11:00 horas, se realizará el simulacro regional en la Ciudad de México y el Estado de México, anunció la Coordinación Nacional de Protección Civil. Este ejercicio, que busca fortalecer la cultura de prevención en una de las zonas con mayor riesgo sísmico del país, va más allá de la simple evacuación y requiere atención a aspectos esenciales para responder mejor ante un sismo real.
Una de las principales recomendaciones es medir el tiempo de reacción durante el simulacro. No basta con desalojar; es crucial cronometrar cuánto tarda cada persona en actuar desde que escucha la alerta hasta llegar al punto de reunión, identificando retrasos como buscar objetos personales o regresar por documentos. Esto permite corregir conductas que, en una emergencia real, podrían poner en peligro la vida.
Es igualmente importante verificar toda la ruta de evacuación, no solo el trayecto habitual. En edificios públicos, oficinas o escuelas, se debe asegurar que las salidas de emergencia estén libres de obstáculos, que la señalización sea visible y que existan rutas alternativas en caso de que las principales se vean bloqueadas. Además, es recomendable ubicar extintores y zonas de menor riesgo.
Durante el ejercicio, se activarán cerca de 14,000 altavoces y el sistema de alerta en celulares, siendo una oportunidad para comprobar la funcionalidad del equipamiento instalado. En caso de fallas, se puede reportar a través del sistema Locatelo, disponible en el 911, proporcionando la ubicación exacta o el ID del poste.
Un aspecto fundamental que muchas veces pasa desapercibido es la preparación emocional. Las personas pueden experimentar ansiedad o pánico, incluso en un simulacro. Por ello, se recomienda explicar con anticipación a niños, adultos mayores y personas con discapacidad qué sucederá, y designar responsables en oficinas o escuelas para mantener la calma y evitar que alguien quede rezagado.
También es vital practicar el protocolo de 'replegarse, agacharse, cubrirse y sujetarse', especialmente cuando la evacuación inmediata no sea posible, como en edificios altos o zonas de difícil salida. Esta técnica ayuda a reducir lesiones por objetos que caen.
Tras concluir el simulacro, se aconseja realizar una evaluación rápida: ¿se escuchó claro el aviso?, ¿todos conocían el punto de reunión?, ¿alguien utilizó el elevador por error?, ¿hubo dificultades para personas con movilidad limitada? Estos análisis permiten reforzar la preparación real.
Dado que México registra más de 90 sismos mayores a magnitud 4 cada año, la práctica constante mediante simulacros es esencial para convertir la prevención en hábito. La participación activa, enfocada en mejorar procedimientos y atención emocional, fortalece la seguridad colectiva y reduce riesgos en emergencias reales.